Ambiente

Una convivencia de mutuo beneficio

La coexistencia de colmenas en zonas de fruticultura, horticultura y de otras producciones agropecuarias debe ser considerada como una fortaleza en las respectivas chacras y en la defensa de la sustentabilidad ambiental. El chacarero las debe percibir como un componente más de la producción, como lo son la fertilización, el riego, la poda, entre otros.

En los valles norpatagónicos el principal agente polinizador es la abeja doméstica -Apis mellifera-, que es parte del proceso e influye, si no determina, el rendimiento. Al poner a disposición suficientes colmenas vigorosas y bien pobladas se logra una buena polinización de las especies tradicionales del valle.

Al respecto, Salvador Sangregorio –profesional del INTA Alto Valle– mencionó que “la polinización por las abejas no sólo incrementa los kg de fruta lograda, sino también mejora su calidad. La mayoría de los frutos requiere de la fertilización de todos o casi todos sus óvulos para obtener su óptimo tamaño y presentación”. Este proceso mejora la forma de los frutos, aumenta el contenido de azúcares, el color y la uniformidad de maduración y, por lo tanto, de cosecha.

En cuanto a la producción de semillas (por ejemplo, de pasturas y especies silvestres), “en general la polinización cruzada produce una descendencia más variada y genéticamente mejor equipada para afrontar las adversidades del medio”, destacó Ingrid Kaufmann –profesional del INTA Alto Valle–.

Respecto a la fruticultura, principal producción valletana, para lograr una adecuada polinización resulta muy importante la cantidad de colmenas/ha, la calidad de estas y el momento de entrarlas a la chacra, es decir, el porcentaje de floración del monte.

En muchos casos, el agricultor (frutícola, hortícola o forrajero) y el apicultor son agentes diferentes que conviven en un territorio, cuyas producciones se benefician y potencian mutuamente. Sin embargo, también pueden existir adversidades o perjuicios debido al manejo y las prácticas, principalmente en lo que respecta a pulverizaciones. “Todo agroquímico tiene incidencia -en mayor o menor medida- sobre los polinizadores, además de otros insectos, anfibios, etc., lo cual trae aparejada una afectación del ambiente y, en algunos casos, representa una restricción a la exportación, dado que el mercado tiende a demandar alimentos naturales y sin residuos”, manifestó Sangregorio.

Cada temporada se conversa sobre la necesidad de formalizar acuerdo respecto de las mejoras en las condiciones del servicio de polinización. Dentro de este contexto, en el sector se está gestando la posibilidad de formación de un ente que nuclee a los apicultores que deseen brindar dicho servicio. El ente regularía el trabajo conjunto entre chacareros y apicultores, teniendo en cuenta el ingreso y la distribución de colmenas, como el precio del servicio en cada temporada. A través de las redes sociales, un número importante de apicultores de la región acuerda un precio mínimo, que para la temporada actual se fijó en $ 3.000 por colmena, aproximadamente.

Además, se está gestando un instrumento de convivencia en beneficio de todas las producciones agropecuarias involucradas que, entre otros puntos, debería tener en cuenta algunos acuerdos. Entre ellos, que ambas partes establezcan un vínculo con acuerdos claros, en lo posible de forma escrita (cantidad de colmenas, fecha de ingreso y egreso a la chacra, precio, forma de pago, etc.). También, es aconsejable mantener una comunicación fluida ante dudas o inconvenientes e informar cada cambio de situación o movimiento, respetando los intereses recíprocos y manteniendo un trato conciliador para la resolución directa y amistosa de cualquier discrepancia que pudiera surgir.

Es importante garantizar la oferta de colmenas sanas y bien pobladas que sean monitoreadas periódicamente como una herramienta esencial para evaluar su capacidad de polinización y del servicio brindado (más de 15 abejas ingresando con polen por minuto a la colmena, al mediodía, en un día soleado).

Conviene ingresar las colmenas al cultivo con cierto porcentaje de floración, a fin de que la atención de las abejas sea captada por la plantación objetivo con menor distracción hacia otras especies.

Se destaca la importancia de limitar el uso de agroquímicos, especialmente insecticidas, durante la floración, ya que afectan directa o indirectamente a todos los habitantes del ecosistema, incluida la abeja melífera que, además de ser el polinizador más importante para los cultivos, es el capital de producción de los apicultores.

Esta aplicaciones se deben efectuar de acuerdo a las buenas prácticas, sin viento y evitando horas de alta insolación. Se debe avisar con 48 horas de antelación a los dueños de las colmenas que se encuentren ubicadas en un radio de 2,5 km.

Por último, es aconsejable conservar sectores con vegetación natural para asegurar la presencia de floraciones variadas, como sustento y refugio para los polinizadores.

La simbiosis entre los insectos, especialmente las abejas, y las plantas con flores ha creado una rica diversidad de vida en la Tierra, de la cual depende la sanidad y sustentabilidad ambiental. ¡Debemos preservarla a nuestro favor!

Fuente
INTA

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