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Agricultura “generativa”: el INTA impulsa prácticas sustentables en la producción de peras y manzanas del Alto Valle
El INTA Alto Valle reunió a productores y técnicos de Mendoza, Misiones y Río Negro para intercambiar experiencias sobre prácticas sustentables aplicadas a distintas economías regionales, en el marco de la transición hacia una agricultura regenerativa

La iniciativa cuenta con el acompañamiento de la Fundación Banco Credicoop y abarca producciones como peras, manzanas, yerba mate, mandioca, viñedos y horticultura.
Durante una entrevista en el programa “Panorama de la Comarca”, espacio de INTA en Libertad Radio 95.1, el licenciado en Gestión Ambiental y profesional de la Agencia de Extensión Rural del INTA Cipolletti, Sergio Romagnoli, explicó los alcances de este enfoque productivo y detalló las acciones que ya se implementan en la fruticultura regional.
Romagnoli señaló que, más que “regenerativa”, en el contexto del Alto Valle la agricultura podría definirse como “generativa”, debido a que la actividad productiva local no implicó el deterioro ambiental profundo observado en otras regiones agrícolas del país.
“La agricultura regenerativa busca mejorar la salud del suelo, aumentar la biodiversidad y optimizar el flujo del agua. No se conforma con hacer menos daño, sino que intenta que el sistema productivo recupere funciones ecológicas naturales”, explicó.
En la región, el trabajo se centra especialmente en la producción de peras y manzanas, principal actividad frutícola del Alto Valle. Actualmente, el programa acompaña de manera directa a unos 30 productores de la Primera Cooperativa General Roca, aunque las capacitaciones son abiertas a todos los interesados.
Uno de los principales indicadores utilizados para evaluar el impacto ambiental de las prácticas productivas es la huella de carbono, entendida como el total de emisiones de gases de efecto invernadero generadas durante el proceso productivo. Según Romagnoli, esta medición permite identificar qué prácticas generan mayores impactos y cuáles contribuyen a mitigarlos.
Entre las estrategias que el INTA impulsa para reducir la huella de carbono, se destacan tres ejes centrales. El primero es la disminución del uso de combustible en maquinaria agrícola, mediante una menor cantidad de pasadas de tractores y aplicaciones fitosanitarias más eficientes. En este sentido, se desarrollan experiencias con biocontroladores para reducir plagas como carpocapsa y grafolita, además de promover prácticas como la correcta calibración de pulverizadoras.
El segundo eje apunta al manejo sustentable del suelo, promoviendo coberturas vegetales permanentes e incrementando la materia orgánica, lo que mejora tanto la fertilidad como la capacidad de capturar carbono.
La tercera línea de trabajo está vinculada a la recuperación de cortinas forestales, especialmente con álamos y sauces. Romagnoli destacó que estas barreras vegetales permiten secuestrar grandes cantidades de carbono durante largos períodos y, al mismo tiempo, aportan beneficios ambientales y productivos.
“El sistema productivo del Alto Valle ya tiene una huella relativamente baja en comparación con otras regiones del mundo, principalmente por el uso de riego gravitacional, que requiere menos energía. Pero eso no significa que no haya que seguir mejorando”, afirmó.
El especialista también remarcó que existe una creciente demanda internacional vinculada a la sostenibilidad ambiental. En particular, explicó que los productores orientados a la exportación deben adaptarse a nuevas exigencias de certificaciones como Global GAP, que incorporan criterios ambientales cada vez más estrictos.
“Los mercados están empezando a exigir medición de huella de carbono y planes de mitigación. La agricultura regenerativa responde muy bien a esos requerimientos”, sostuvo.
Según detalló Romagnoli, la recepción de los productores ha sido positiva, especialmente porque las mejoras ambientales también repercuten en una reducción de costos productivos y fortalecen las posibilidades de acceso a mercados internacionales.
El programa, que involucra a cerca de 300 productores en todo el país, busca consolidar experiencias piloto que puedan convertirse en referencia para otras explotaciones agrícolas interesadas en avanzar hacia sistemas productivos más sustentables y resilientes.



