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CONICET: El turno escolar incide en el rendimiento de los alumnos

Los investigadores lograron determinar que si el alumno tiene un "cronotipo nocturno" y va al turno mañana, tendrá peores notas que si fuera al turno tarde o noche, y viceversa.

Según explican los investigadores el cronotipo es una característica personal, que tiene un componente genético importante y que, además, se va adaptando con los hábitos de vida y los hábitos culturales. Es lo que comúnmente llamamos “matutino” o “nocturno”.

Las investigadoras del CONICET determinaron que, (los alumnos argentinos) son muchísimo más nocturnos que los estudiantes que hay reportados en otros países, son los más nocturnos de los que hay conocimiento en el mundo.

Las notas se van a ver afectadas por tu edad y si sos más nocturno o diurno según el turno escolar al que vayas

“Para los estudiantes del turno mañana, los viernes y lunes es como que estuvieron yendo y volviendo de Europa”, ejemplifican.

“Los que están terminando el secundario son más nocturnos que los que están empezando. Hay interacción entre la edad, turno de la escuela y el cronotipo y eso afecta el rendimiento académico”. Agregan

“Las notas se van a ver afectadas por tu edad y si sos más nocturno o diurno según el turno escolar al que vayas”, completan.

Los adolescentes duermen muy poco, el mínimo debe ser de 8 horas

Desde el CONICET recomiendan atrasar el horario escolar, «entendemos que es muy difícil de hacer por cuestiones de idiosincrasia; (…) pero tal vez se puede hacer que los primeros años del secundario sean en el turno mañana y los últimos años en el turno tarde, porque en esta etapa somos más nocturnos por biología”, precisan.

“Los adolescentes duermen muy poco, el mínimo debe ser de 8 horas y los que van al turno mañana ni siquiera contando las siestas llegan a ese tiempo, tratan de recuperar el sueño fin de semana, y no se logra, y hay una falta crónica de sueño”.

María Julia Leone, autora principal del paper. Foto: gentileza investigadora.

¿Al que madruga Dios lo ayuda?

Al evaluar el rendimiento académico en función del cronotipo, los científicos arribaron a diversas conclusiones. “En primer lugar, en cuanto a los hábitos de sueño, vimos que los adolescentes que asisten al turno mañana duermen muy poco y tienen niveles altísimos de jet lag social”, señala María Julia Leone, autora principal del paper. Quien agrega que “vimos que ese efecto está exacerbado, sobre todo, en los adolescentes de quinto año, que son los más nocturnos y que acá son particularmente más nocturnos que en otros países”. Es decir que su primera sospecha, sobre la posibilidad de que los argentinos sean más nocturnos, en el caso de los adolescentes se comprobó.

Luego, los científicos indagaron en qué sucede con los distintos cronotipos de los estudiantes al interior de cada uno de los turnos escolares –mañana, tarde y vespertino-. Así lograron detectar diferencias llamativas: vieron que los adolescentes de cronotipo más matutino tenían mejor rendimiento al concurrir por la mañana. Sin embargo, esto no permite discernir si los matutinos, en general, tenían alguna ventaja cognitiva respecto de los más vespertinos o nocturnos –si, efectivamente, “al que madruga Dios lo ayuda”- o si se trataba solo de una ventaja asociada con el horario de concurrencia a la escuela, lo que se llama “efecto de sincronía”.

Lo que vieron entonces es que existen dos efectos: por un lado, que tanto en primero como en quinto año, tienen mejor rendimiento por la mañana los de cronotipo matutino, mientras que por la tarde y la noche, los resultados son más variables. Pero también, que el efecto de que los matutinos sean “mejores” a la mañana es más pronunciado en matemáticas, aunque también se observa en lengua. En el turno vespertino, los de cronotipo mas tardío o nocturno obtienen mejor rendimiento en Lengua. “Es decir que no es solo el cronotipo lo que se asocia con un mejor rendimiento académico, sino que la sincronía entre el cronotipo y el horario escolar es también importante: cuando coinciden cronotipo y horario escolar, es cuando se da el horario más adecuado para su aprendizaje”, indica Leone.

En síntesis, los científicos vieron que el rendimiento académico mejora cuando los horarios escolares están mejor alineados con los ritmos biológicos de cada adolescente: cuando el adolescente que es más matutino concurre por la mañana y el más tardío o nocturno, por la tarde o noche respectivamente. Y que sería mejor que matemática no estuviera en las primeras horas del cronograma escolar, ya que eso va en detrimento de los adolescentes más nocturnos.

“Se podría recomendar, en base a nuestro estudio, que la escuela empiece más tarde: eso es algo que beneficiaría a todos los adolescentes, si bien este experimento es investigación básica y se necesitan más estudios para poder hacer una recomendación práctica acabada”, aclara Leone. “También podría revisarse que al menos empiece más tarde a la mañana, al menos para los adolescentes de los últimos años de la escuela secundaria, que son los que tienen en general los cronotipos más nocturnos. O asignar a los estudiantes al turno según su cronotipo. En nuestro trabajo, además, vimos que más del noventa por ciento de los estudiantes del turno mañana duermen menos de las ocho horas recomendadas, y eso es preocupante. Tenemos que seguir estudiando todo esto. Como el cronotipo depende de la cultura y de los hábitos sociales, es importante analizar el efecto que tienen los horarios escolares a nivel local. La ciencia puede contribuir para lograr un mayor beneficio a la educación, realizando estudios y analizando el efecto de intervenciones que se traduzcan luego en recomendaciones basadas en evidencia, en este caso relacionadas con el horario de inicio escolar y su impacto en el sueño y en el rendimiento académico de los adolescentes”, concluye Leone.

Fuente
conicet

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