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Sol Castro, de promesa en Río Colorado a triunfar en Estados Unidos

La rionegrina de 21 años ya es realidad. Viene de un año brillante como novata en la NCAA -MVP de Robert Morris- y se ilusiona con la Selección que viajará a Puerto Rico. Su inspiradora historia de crecimiento.

Seguramente hace un par de años, en su Río Colorado natal, Sol Castro no se imaginaba este presente y con todo lo que pasó en este último tiempo. Y es que la vorágine de situaciones y sensaciones que ha atravesado desde el 2016 están en la cúspide de todo lo que una jugadora puede anhelar. Los avances vienen siendo increíbles, por supuesto que hay mucho más por delante pero, sin dudas, lo que viene sucediendo es tan soñado como real y meritorio.

¿Impensado? No, porque Sol siempre tuvo claras sus convicciones: sabía que este era el camino que quería recorrer y luchó por alcanzar los objetivos. Los logrados hasta hoy y los muchos que quedan todavía por cumplir, que indudablemente con esa cabeza y sabiduría no tardarán en llegar. De la ciudad rionegrina, donde ya había llegado a su techo, disparándose a una actualidad alentadora en la que viene de ser figura en su universidad de Estados Unidos y en su temporada como rookie, y también peleando por meterse entre las 12 jugadoras que viajarán a la AmeriCup que se disputará del 11 al 19 de junio en Puerto Rico.

Los inicios en Río Colorado y el plan altura que comenzó a cambiar su vida

Su historia de amor con el básquet arrancó a los 7 años, en su club de origen, Unión de Río Colorado. Hija de una madre que practicó salto en alto y de un padre que se desempeñó en el vóley, los caminos condujeron a una joven Sol a encontrarse con el básquet como su gran motor de vida. Tal vez en un escenario difícil, por la proyección que podía tener en ese ámbito, pero superó todas esas barreras y logró posicionarse, primero a nivel nacional y luego internacional.

Jugaba con los varones de su escuela y a nivel club todo fue un tanto complejo porque a nivel local fue difícil tener una competencia fuerte que la estimule lo suficiente. Incluso hubo un abismo de años, clave en la formación, en la que prácticamente no compitió. Sólo practicaba para mejorar, porque quería ganarle a los chicos de la escuela siendo la única mujer que jugaba con ellos, y ese simple deseo la fue catapultando. Rompió paradigmas, le ganó al tiempo que no tuvo ese mayor roce deportivo.

El paso clave iba a darse en aquellos campamentos de CAB del Plan Altura en 2015, cuando todo comenzó a cambiarle el rumbo. De ahí al 2017, con el llamado para un selectivo que inició el proceso de los Juegos Olímpicos de la Juventud (2018), y ese mismo año llegó Lanús, ganando una experiencia determinante en un club histórico; para luego tomar parte en la Selección argentina en los Juegos de la Juventud de Buenos Aires 2018; ser una grata sorpresa con su llamado en 2019 para la Selección mayor; en 2020 dar el salto al básquet estadounidense universitario; y llegar a este 2021 siendo parte del equipo que se prepara para la AmeriCup. ¿Qué sucedió en todos esos años para que Sol cambie su vida de forma tan drástica?

«En el club de mi pueblo, Unión de Río Colorado, hubo un montón de tiempo en el que no jugué. La situación económica no era muy buena y también estaba esto de ir y venir, porque al ser el único club del pueblo te obligaba a viajar y eso representaba un poquito de lío para la institución. Pero yo iba al club a entrenar por pasión. Me gustaba y quería mejorar, porque quería competir contra los varones en el recreo de la escuela (risas). Creo que eso ya demuestra un poco lo que era mi mentalidad de competitiva desde muy chica. Lo hacía porque me gustaba y porque también quería ver la mejora después de los entrenamientos. Siempre fui así», explica Sol en charla con Prensa CAB.

«El gran paso creo que lo empecé a dar cuando me llamaron para un Plan Altura, en el cual vi cómo se entrenaba en el alto rendimiento y vi las cosas básicas que tenía que hacer. Ahí empecé a crecer un poquito, fue un gran salto mental. Fui a un campus que estaba haciendo la selección para ver jugadoras en Bahía y después en Viedma. Ahí me vieron, me tomaron los datos, y al otro año me llamaron para el Plan. Había pasado un tiempo desde que me tomaron los datos y ese llamado, yo me había puesto algo ansiosa y pensé que había pasado algo que no me llamaban, pero seguí trabajando y entrenándome esperando que pueda darse».

En su infancia puso en duda por un breve tiempo su pasión por el básquet, y lo tuvo un poco de lado para irse a practicar tenis. Pero ese intento de irse a otro deporte no prosperó mucho, y Sol rápidamente se dio cuenta de su amor por la naranja. Si bien es cierto que era muy chica para entonces, también es verdad que no tenía tantos incentivos al alcance, y que también eligió probar otra disciplina por una corriente de seguir a sus amigos de la escuela. Ahí ya no importaron más las elecciones de sus amigos, Sol quería seguir su pasión.

«Un año antes de irme a Buenos Aires quise dejar el básquet porque ya no me atraía tanto como antes. Empecé a jugar al tenis, hice dos meses y ya no me gustó más. Hablé con mis papás y les insistí en que quería volver a básquet, porque me di cuenta que era ese gran amor, y desde ahí no lo solté más. Fue una decisión de chica, de querer probar hacer algo distinto y seguirle el juego a mis amigos que se habían ido a jugar al tenis. Me di cuenta que amaba el básquet, que quería seguir en esto y que podía avanzar y ser mejor», explica.

 

Proyectarse desde su pequeña ciudad

Todo lo que pasó Sol fue tan sorpresivo como soñado. Río Colorado es una ciudad que, según un censo del 2010, tiene 10 mil habitantes, aumentando su población en la última década, y en vías de desarrollo la propia jugadora necesitaba abrir sus alas para despegar, para tener un futuro mucho más auspicioso. ¿Cómo entonces podía planificar esos sueños con el básquet entendiendo todo el contexto? «No proyectaba querer ser una gran jugadora o ser reconocida, o incluso no proyectaba estar en la selección nacional. Yo solo quería ser una mejor jugadora todos los días pero veía muy lejos esto de llegar a una selección nacional, por el hecho de ser una chica de un pueblo con 15 mil habitantes. No sabía qué podía pasar, las trabas de pensar cómo alguien podía llegar a verme, por el hecho de que tampoco teníamos una competencia en la que participábamos y hasta inclusive yo por mucho tiempo fui una jugadora que no estaba federada», rememora.

Y más allá de que tenía modelos y se imaginaba con un futuro como el de hoy, todo empezó a verse de forma mucho más clara cuando pudo abrir el panorama. De Río Colorado a Lanús, de Lanús a la Selección y de ahí a catapultarse muchísimo más en la Universidad Robert Morris de Estados Unidos, donde debutó la temporada pasada. Ese paso a paso, es tan importante de destacar no sólo por todo el trabajo que conllevó, sino por el hecho más generalizado de que es un ejemplo vivo de lo bello que es perseguir los sueños.

«Recuerdo que estando en Río Colorado entrenaba y pensaba algunos movimientos de Manu (Ginóbili) o (Luis) Scola, que eran dos de los grandes referentes que tenía en la cabeza todo el tiempo. Proyectaba que yo también el día de mañana estar con alguna camiseta, pero lo veía tan pero tan lejano que fue hasta impensado. No estaba planeado, porque no sabía cómo hacerlo en su momento, pero a medida que fui creciendo y empecé a ver cada paso que hay que hacer para llegar, me fui poniendo pequeñas metas que podían ser reales y me iban a ayudar a llegar al lugar en el que estoy hoy», relata.

Y continúa: «El primer objetivo estando en el club era llegar a las finales. Estuve más de 5 años sin competir, desde los 8 hasta los 15 estuve sin competir, recién empezamos a competir en el 2016 y ese año fue la primera vez que nos reuníamos después de tanto tiempo para un torneo. Después de eso el objetivo fue llegar a la selección de Río Negro y lo logré, después ahí ya tomando un poco de protagonismo; luego traté de hacerme un poco más vistosa y pasó esto de los campus que se hacían para detectar jugadoras altas y en el que me seleccionaron por el Plan Altura; después entrar en proceso de selecciones; irme de Río Colorado a Lanús… todos pequeños objetivos que me ayudaron a construir un camino que parecía imposible pero que por suerte se dieron».

Lanús, un eslabón clave en su desarrollo

A mediados del 2017, Lanús le hizo llegar una propuesta para sumarse a su equipo, en uno de esos cambios fundamentales en la vida de Castro. Mudarse de su pueblo natal rumbo al Granate, uno de los equipos más importantes de la historia del básquet femenino, fue importante por el roce que adquirió allí. No solo era irse a una competencia como el torneo metropolitano de FeBAMBA, sino también compartir equipo con jugadoras de mucha experiencia en su posición, como es el caso de Agostina Burani, o Florencia Llorente. Sol fue un papel absorbente ante cada situación que se le presentó en el club bonaerense, y se apoyó en eso para seguir creciendo.

«El salto mental ya lo había dado antes, pero el otro gran salto, más físicamente y donde pude ver más mi cambio como jugadora, fue en 2017, en mi primer año en Lanús, donde tuve una mejor competencia jugando el Torneo Metropolitano y el hecho de jugar con jugadoras de Liga. Lanús venía de salir campeón el año anterior en 2016 (NdR: Superliga Femenina) con un equipazo enorme en el que tuve un montón de compañeras con las que estoy compartiendo selección ahora. Aprendí muchísimo de ellas, como así también del club y de los entrenadores que tuve. Gracias al ejemplo que tuve de todos, del alto rendimiento a un nivel mayor y mucho más maduro, me sirvieron un montón», detalla la pivote.

Con el Grana ganó tanto el Torneo Federal del 2018 como el del 2019, siempre con un rol cada vez más protagónico en la medida que iba avanzando su periodo en Lanús y asentándose como jugadora. Fue clave desarrollarse en dicho club, porque terminaría catapultándola a un 2018 donde fue parte del seleccionado argentino que nos representó en los Juegos Olímpicos de la Juventud disputado en Buenos Aires (plantel que compartió con Florencia Chagas, Victoria Gauna y Sofía Acevedo), y porque después tendría un 2019 de ensueño donde tuvo su primera experiencia con la Selección Mayor.

Debutar sorpresivamente con la selección mayor a los 19 años

El debut con la selección quedó grabado a fuego, porque Sol había sido invitada para practicar con el equipo pero sabiéndose que venía de formar parte del U19 (disputó el Mundial de la categoría de ese año en Tailandia), por lo que quizá era un tanto inesperado que quede en el plantel superior sabiendo que en un principio era para sumar experiencia y rodaje. Sol volvió a sorprender, y se ganó un lugar dentro de las 12 que terminaron yendo a jugar el Preclasificatorio Olímpico en Bahía Blanca.

«La primera vez que quedé para la selección mayor no lo podía creer. Me enteré por un comunicado de CAB. Yo había ido a los entrenamientos pero como invitada, como una especie de sparring para que la mayor pudiese entrenar y a su vez para que las U19 practiquen y se desarrollen. Me acuerdo que fue por la mañana, salíamos de entrenar, todavía estando en Lanús, e íbamos por la calle con Lu Operto y Seba Lancieri. Queríamos buscar y leer la nota con la lista de las jugadoras que iban a estar en el torneo, y como no teníamos muchos datos en la calle yo agarré mi teléfono. Ahí me llega un mensaje de Flor Llorente, felicitándome. Me dio una alegría tremenda porque me imaginé estando en la preselección para el torneo, pensando que estaba en ese grupo de posibilidades… pero entonces Flor me manda otro mensaje y me dice que no era una preselección sino la lista definitiva de la selección… en ese momento Oper entra a la nota, y cuando contamos los nombres de la lista definitivamente estaban anunciando las 12 jugadoras definitivas para el preclasificatorio. ¡Había quedado en la Selección Argentina! No lo podía creer. Inmediatamente la alegría de mis compañeras y entrenador, hablé con mis papás y ya me empezaron a caer muchos mensajes de amigos y conocidos compartiendo esa alegría conmigo. Fue algo increíble», recuerda minuciosamente la riocoloradense.

«Por más que yo había entrenado como invitada no me lo esperaba, porque recién venía de jugar un Mundial y era algo totalmente raro. Era muy chica, tenía 19 en ese momento, así que debutar en ese torneo fue una locura», agrega. Sol jugó 2 de los 3 partidos que disputó Argentina en esa ventana clasificatoria desarrollada en el Dow Center de Bahía. La experiencia fue redescubridora, jugando 8,2 minutos de promedio. Los demás números no tienen incidencia, porque lo que realmente vale oro de todo esto es el fogueo que tuvo contra dos gigantes de América, por un lado el 1 del mundo, aquel Estados Unidos con Diana Taurasi y todas sus figuras; y un grande sudamericano como Brasil, con todo lo que implica su potencial.

«No entré en el primer partido contra Colombia, pero me tocó debutar en el siguiente juego, contra Estados Unidos. Fue algo terrible porque me tocó jugar contra terribles bestias del básquet, de lo mejor que hay en el mundo. También pude jugar un poco contra Brasil y eso también fue increíble, por enfrentar a otras jugadoras con grandísimo nivel. Esa pequeña experiencia sirvió para saber con lo que podemos llegar a enfrentar en la AmeriCup si es que tengo la posibilidad de ir. Sería una alegría enorme quedar en la Selección, y esa primera vez también fue un gran paso en mi corta carrera», comenta.

El salto a Estados Unidos, parte de una nueva transformación

Argumentos le sobran, porque físicamente volvió al país en un sorprendente estado gracias a lo hecho durante este último año en Estados Unidos. Sol brilló en su año de rookie con Robert Morris (RMU), con promedios de 9,9 puntos y 5,5 rebotes en 29,1 minutos. Fue la mejor goleadora y rebotera de su equipo, teniendo un partidazo contra Wright State en el que firmó 23 puntos y 11 rebotes (el pasado 22 de enero), una serie de pergaminos y conducta que la llevaron a ser elegida dentro del quinteto ideal de las novatas de la Horizon League, como así también ser la seleccionada como la mejor jugadora de su universidad en la 2020/21.

«Pasó mucho tiempo con la pandemia y aproveché para poder hacer cambios tanto mental como físicamente. En Estados Unidos aprendí algunos tips, pequeños detalles que son los que pueden hacerte marcar una diferencia en el juego, además del roce que me permitió tener con chicas de otra edad pero mucho más altas o mucho más grandes físicamente que yo. Eso me sirvió un montón, porque acá en Argentina quizá lo tenía pero no al nivel de Estados Unidos. Eso me ayudó tanto en la parte defensiva como ofensiva. Fue un muy buen año individualmente, quizá en lo colectivo al equipo no le fue tan bien, pero sí fue una temporada que en lo personal me sirvió para crecer muchísimo y también traté de utilizar la extensa cantidad de recursos que ellos tienen, de acapararlos todos como para poder desarrollarme física, mental, técnica y tácticamente».

Pero todo esto no sería posible sin ese empuje y esa constancia que tanto caracteriza a Sol, una joven tan detallista como ambiciosa por seguir creciendo. Con un sano espíritu competitivo, convicciones claras y la humildad de saber que todavía es una chica de 21 años que deberá seguir proyectándose mucho más para implementar su juego, la pivote explica un poco todo ese aguante que tuvo en este último año con RMU para mejorar su performance.

«Estoy muy agradecida por la universidad que me dio la posibilidad, como así también agradecida por la paciencia que me tienen los asistentes… porque un sábado a las 9 o 9:30 de la mañana, cuando no había entrenamiento del equipo, hablaba con los entrenadores para que me acompañen a hacer una sesión de tiro con la máquina hora u hora y media (risas)… o con el preparador físico también haciendo algún turno de gimnasio extra, no solo haciendo cosas fuerza sino también con trabajos preventivos o corrigiendo posturas… incluso viendo cosas de nutrición también. Todas fueron cosas que vi durante esas experiencias las fui absorbiendo y agarrando de a poco, y fueron los detalles que me hicieron marcar una gran diferencia para hoy decir que tengo un muy buen nivel para tratar de competir internacionalmente».

Americup, entre el anhelo de seguir creciendo y los sueños con la celeste y blanca

Irrumpió en escena sorprendiendo por su contextura y talla, tan buscada como necesaria en el proyecto de desarrollo del básquet femenino de Argentina, y a eso le agregó una capacidad intelectual brillante, tanto para asimilar cuestiones del juego como así también para leerlo y entender su proyección. Y por supuesto, tener todas esas aptitudes que le permiten dar estos grandes pasos que viene teniendo.

«Siempre fui muy competitiva, con muchas ganas de entrenar. Me gusta ser muy organizada con mis cosas, no me gusta ir a las apuradas y si tengo mucho por hacer siempre las anoto en el calendario. Soy muy puntual incluso. Fueron cosas que siempre tuve desde chiquita y que después apuntado al deporte de alto rendimiento a esa edad me ayudaron a seguir desarrollándome cada vez un poquito más. Hoy afortunadamente estoy acá, y estoy más que contenta y agradecida con todo el mundo que me ayudó para llegar a este momento».

«En la selección tenemos una estructura diferente a la que yo venía trabajando en mi universidad, pero creo que me va a servir mucho. De a poco voy encontrando mi juego, intentando aportar lo que más que pueda dentro de este sistema como así también hallando mi rol. A veces no se trata sólo de aportar energía sino también rebotes o buenos bloqueos, y dentro de eso me estoy sintiendo bien porque estoy pudiendo volcar todo mi juego dentro de la filosofía de la selección. Todavía me falta dejarme fluir un poco más porque todavía sigo pensando mucho en la táctica, pero con el paso de los días se va a ir dando lentamente. Si se llega a dar sería otro momento emocionante, tal vez un poco más naturalizado por haber tenido esa primera experiencia en Bahía, pero igual de fuerte por lo que significa para mí vestir la camiseta y los colores de mi selección», cierra esta riocoloradense que no deja de ilusionar al básquet argentino.

Con calma, sin prisa pero sin pausa, Sol sueña en grande y alimenta las expectativas de la Selección. Y no solo hablando de lo que pueda ser en el presente inmediato de la AmeriCup, sino también entendiendo la proyección de esta joven de 1,86 metros que aparece como una de las grandes promesas de nuestro básquet. El futuro llegó y está en sus manos.

Fuente
argentina.basketball
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