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Se estrena «La casa de los conejos», la última dictadura desde la perspectiva de una niña

Se trata de un filme de Valeria Selinger basado en la novela autobiográfica homnima de Laura Alcoba, al que define como un “humilde homenaje a los muertos en esta historia, la historia de Argentina y a las personas que aún hoy carecen de identidad real”.

La realizadora Valeria Selinger estrena este jueves en salas locales “La casa de los conejos”, filme basado en la homónima novela autobiográfica de Laura Alcoba, al que define como un “humilde homenaje a los muertos en esta historia, la historia de Argentina y a las personas que aún hoy carecen de identidad real”.

“Es una ficción basada en hechos y en personajes reales. Una película que habla de una infancia que se sitúa en un contexto histórico duro y particular. Propone un esclarecimiento acerca de cómo un niño puede llegar a visualizar o vivenciar ciertas situaciones de vida complejas”, reflexionó la cineasta, radicada en Francia desde los 90, en una entrevista con Télam.

La trama aborda la historia de Laura, una niña que a sus ocho años debe aprender a vivir en la clandestinidad unos meses antes del golpe de Estado de 1976 y durante los primeros años de la dictadura cívico militar hasta su exilio en Francia, dos años más tarde.

Me acuerdo del eslogan “el silencio es salud” o que me contaran que en Europa se sabía que en Argentina se asesinaba y torturaba gente. El marido de mi mamá estuvo en el (centro clandestino de detención) Pozo de Banfield, alrededor de mi padre había gente que teníamos que esconder.

Con su padre detenido, la pequeña debe huir junto a su madre buscada por las fuerzas represivas, acostumbrarse a usar nombres falsos y a cambiar de residencias hasta que ambas se instalan en la «casa de los conejos», en La Plata, donde viven Diana -embarazada de tres meses- y su marido Cacho.

Al no poder asistir a la escuela, la chica pasa los días en esa casa donde funcionaba una imprenta clandestina de Evita Montonera. La Diana con la que convive es Diana Teruggi, quien por entonces estaba embarazada de Clara Anahí, la nieta desaparecida de “Chicha” Mariani, una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo (fallecida en 2018).

“Me interesó reflejar el silencio y cómo una niña puede dejar de lado su inocencia y vivir como si fuera un adulto. Explorar sobre infancias truncas, que no se desarrollaron de un modo tradicional o del que impone la sociedad. Eso lo viví en carne propia y ese aspecto es el que más me intereso de esta historia”, explicó la cineasta.

“También el contexto que es sumamente importante y está relacionado con el abuso a los derechos humanos en la historia argentina, algo que desgraciadamente muchos países comprenden por tener historias que pueden llegar a parecerse”, agregó Selinger.

“La casa Mariani – Teruggi es uno de los pocos sitios aún visibles que testimonian lo que fue el terrorismo de Estado. La búsqueda de nietos por parte de las Abuelas y la búsqueda de identidad son temas muy intensos. Por eso en la película no se habla de modo directo, sino que lo que está ocurriendo en el país o el accionar del grupo al que pertenecen los personajes, forman parte de la historia solo para contextualizarla”, abundó la realizadora.

La cinta cuenta con las interpretaciones de Darío Grandinetti, Guadalupe Docampo, Paula Brasca, Mora Iramaín García, Federico Liss, Patricio Aramburu, Nahuel Viale, Silvina Bosco, Agatha Fresco, Santiago Lozano, Verónica Schneck, Luis Longhi y Adrian Silver; y la participación especial de Miguel Angel Solá.

Télam: ¿Cómo surgió el proyecto de llevar esta historia al cine?

Valeria Selinger: Leí de un tirón el libro de Laura Alcoba y surgió como una evidencia la necesidad de adaptar esta historia al cine. Una historia me trasladaba a la Argentina de mi propia infancia y como vivo en Francia, era una especie de salto imaginario en el espacio y en el tiempo. Me resultaba necesario filmar en Argentina una historia que tuviera que ver con mi vida. Me identifiqué muchísimo con el silencio de esa niña, con su necesidad de construir su mundo con lo que tiene a su alcance. Me interesó particularmente ese encierro, no tanto el de la casa, sino el de la autocensura, saber desde la niñez que por seguridad es necesario callar. Trato de entender qué consecuencias tiene un adulto que pasó su infancia en un contexto como el de la dictadura argentina.

T: Es una película autorreferencial…

VS: Sí, viví cosas de mi infancia que se relacionan bastante. Me decían «de esto ni una palabra afuera», me llevaban a reuniones en las que se fumaba mucho con las persianas bajas en pleno día y donde mis hermanas y yo dibujábamos con crayones sentadas en el suelo. Me traumatizó asistir siendo niña a la quema de libros prohibidos por la dictadura, entre los cuales había incluso infantiles de los cuales pudimos arrancar y conservar algunas imágenes.

En una pared de mi casa había fotos que pertenecían a un libro de poesía cubana prohibida. Esa pared, con esos cuadros, evidenciaban ese silencio compartido.

Me acuerdo del eslogan “el silencio es salud” o que me contaran que en Europa se sabía que en Argentina se asesinaba y torturaba gente. El marido de mi mamá estuvo en el (centro clandestino de detención) Pozo de Banfield, alrededor de mi padre había gente que teníamos que esconder. En cierto modo la historia de “La casa de los conejos” retoma cosas que viví, pero poniéndolas en un contexto narrativo diferente, más conciso e intenso.

T: ¿Cuál es el rol de la música en el filme?

VS: La música subraya el lado infantil. Así trabajamos junto con Daniel Teruggi, el compositor y hermano de Diana, quien se ofreció a hacer la música como su contribución personal a su historia familiar. Es una música que para mí surge en la mente de esa pequeña y representa lo que ella no puede decir.

T: ¿Cómo describís la mirada de una niña sobre los sucesos de esa época y sobre su vivencia personal?

VS: Es una niña que cumple las reglas impuestas del mejor modo posible y que se siente muy dolida de ver que falla en ciertos momentos, que pequeñas cosas que hace cobran una terrible importancia y que en el reto de los adultos hay una especie de reto a ellos mismos. La pequeña sabe que algo no va a estar bien, que todo puede explotar en cualquier momento, que hay peligro e intenta tranquilizar ella a los adultos, creyendo que lo que está ocurriendo es algo que puede comprender.

T: ¿Qué pensás que sintió Laura (Alcoba) cuando vio su historia representada en la pantalla grande?

VS: Sé que Laura no considera que sea su propia vida, sino su novela basada en sus recuerdos, que no es exactamente lo mismo.

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