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Esto es debido a que el objetivo de la poda de estos árboles es el de obtener unos frutos de buena calidad, por lo que hay que impedir que salgan frutos pequeños y de poca calidad, teniendo en cuenta que si la poda es excesiva, podemos perjudicar a la producción del árbol. Por esto, deberemos buscar el equilibrio exacto entre crecimiento y producción.
Es conveniente realizar la poda y guía de los árboles frutales desde que son jóvenes, ya que hacerlo cuando son más grandes, requiere más esfuerzo, tiempo y herramientas, además de que es más fácil conseguir que los ejemplares jóvenes se adapten a las nuevas situaciones. Debemos intentar conseguir una forma más abierta de las ramas, haciendo que se desarrollen más hacía lo ancho del árbol, y eliminar las ramas verticales y los chupones, ya que son los que quitan el vigor del árbol y hacen que los frutos crezcan peor. También es posible guiar esas ramas verticales a una posición más horizontal, reduciendo su velocidad de crecimiento y fomentando la formación de yemas de flor y frutos.
Cuando ya le hemos dado una estructura adecuada al joven árbol frutal, se puede comenzar la poda. La poda se hace todos los años y hay que quitar la madera improductiva, manteniéndolo en un tamaño adecuado, de forma que incrementemos la cantidad de luz que reciben el resto de ramas. Con la poda anual, mantenemos la madera productiva y fructífera y conseguimos que el árbol se desarrolle sano y vigoroso. Una vez que el árbol empieza a fructificar, su crecimiento será más lento y también las necesidades de poda. Cuando se realiza una poda, el propio árbol se adapta al cambio y su respuesta depende del lugar del corte. Para saber cómo hacer la poda de un árbol frutal hay que tener en cuenta el tipo de poda que se realiza, pues de ello dependerá la cantidad que se clarea y por qué punto de las ramas cortar.
Comprender las partes de un árbol frutal, ayuda a realizar una poda adecuada. Hay que buscar un equilibrio entre fruto y hojas para conseguir una buena poda. Aproximadamente, unas cuarenta hojas son suficientes para que se desarrollen frutos de calidad, por eso debemos tener en cuenta el número de yemas de flor a la hora de conseguir este equilibrio. Además, conocer estas partes y para qué sirven te ayudara a saber mejor cómo cuidar los árboles frutales. Estas son las distintas partes de estos tipos de árboles:
Tras el período de reposo o dormancia, al finalizar el invierno y justo antes del período de brote primaveral, es el momento correcto para realizar la poda. Además, si la realizamos en este momento, las herida que se hayan producido por la poda, cicatrizarán mejor y más rápido. Incluso, podemos retrasar la poda hasta una semana tras la floración del árbol, con mínimos daños para la planta.
También, podremos realizar una pequeña poda durante el verano y otoño y pinzaremos los brotes de mayor vigor, para favorecer la aparición de ramas laterales más vigorosas y que posean yemas de flor.
Para reducir el vigor de determinados árboles frutales, cuando se desarrollan demasiado, podemos poderlo durante principios o mediados del mes de agosto. Si queremos que los frutos sean de mayor calidad, eliminaremos las hojas que sombrean el fruto. Lo que sí debemos considerar, es que la poda a finales de otoño o principios de invierno, es la peor, ya que en este caso dejaremos heridas del árbol expuestas hasta finales de invierno, lo que puede ocasionar ataques de hongos y más daños debido a las heladas de estas épocas.
Tras conocer cómo y cuándo podar los árboles frutales, puede que te interese saber Por qué se caen los frutos del árbol.