Música

A 34 años de la muerte de Luca Prodan, el hito del rock

El músico ítalo-escocés Luca Prodan, falleció hace 34 años, a pocas horas después de brindar un show junto a su banda Sumo en la cancha de Los Andes, en la madrugada del 22 de diciembre.

Su historia fue rescatada por la Junta Histórica de San Ignacio en base a una anécdota que contó uno de los hermanos de Luca, con quienes el músico visitó la Tierra Colorada un caluroso verano de 1982.

Luca not dead.  Así, mal escrito, con la ausencia del verbo, el grafiti ya es un símbolo del paso por la Argentina de Luca George Prodan (Roma, 17 de mayo de 1953-Buenos Aires, 22 de diciembre de 1987).

Y esa mala escritura es también una alegoría de la figura del cantante de Sumo y su cocoliche oral, mezcla de un dialecto italiano bien capitalino, un inglés de pronunciación perfecta y un castellano porteño y lunfardo. Una pintada que, de haberla visto, sin dudas lo haría reír muy fuerte y, al mismo tiempo, indignarse por el error.

Esa dicotomía, ese ying y ese yang, es una buena manera de acercarse al mito de Prodan a 34 años de su deceso.

Un rockero de mente más que abierta, pero a veces dogmático para juzgar a sus camaradas. Un hombre que se exilió para escapar de su adicción a la heroína, coma hepático mediante, pero que abrazó a la ginebra como paliativo. Una figura que parecía machista, pero que era adorado por las numerosas mujeres que lo frecuentaron. Un tipo de una cultura extraordinaria que no dudaba en mezclarse con los seres más lúmpenes. Un ser pelado adrede, con un aspecto que podía dar miedo en esa época, pero que escondía una sensibilidad mayúscula. Un cocinero exquisito que, en sus últimos tiempos, prácticamente no se alimentaba. Un compañero que no dudaba en criticar en público a uno de los suyos como Roberto Pettinato pero que, al mismo tiempo, le expresaba su amor en privado.

En 1981 cantar rock en inglés en la Argentina no era un plus a la hora de conquistar audiencia, sino todo lo contrario. Tras la guerra de Malvinas, esa desventaja se multiplicó por mil.

A todos esos impedimentos había que sumarles un grupo que no encajaba en nada en el panorama musical gracias a una actitud (post) punk y ninguna clase de padrinazgo, salvo el de algunos periodistas especializados e informados acerca del panorama internacional de aquel entonces.

Y encima, una vez que empezaron a trascender, hay que agregar en ese combo una ausencia absoluta de preocupación por la imagen en un momento en el que los trajes con hombreras (“¡El horror, el horror!”) y el maquillaje hacían estragos en el rock. O, como ellos mismos lo dijeron desde el inicio de Los viejos vinagres: “Dale, dale con el look”.

“A Sumo no le importa nada”, decía una publicidad radial en los años 80, y nunca un aviso fue tan perfecto y certero a la hora de definir una banda de rock argentina.

Pero, mejor dicho, sí había algo que les importaba, y mucho: tocar en vivo.

Ver a Sumo era un antes y un después, una revelación, un punto de no retorno, una experiencia artística de esas que cambiaba la vida.

Y ahí es donde el magnetismo de Luca tallaba de forma inigualable para la época, con una escena sólo comparable a la de Miguel Abuelo por su delirio, a la que le añadía un salvajismo inédito en el país hasta entonces, gracias a sus años formativos en el Londres glam, prog y punk rocker, sucesivamente (géneros, vale aclararlo una vez más, complementarios y que no se anularon entre sí).

Luca tenía bien claro esto último, y juntaba al Genesis de Peter Gabriel junto a Joy Division y a Van Der Graaf Generator junto a David Bowie, Bob Marley, John Martyn, Lucio Battisti, Jim Morrison, Lou Reed y Captain Beefheart, entre tantos otros, dentro de sus influencias.

Y no dudaba en ponerse en el papel de educador al momento de nombrarlas: sabedor de que por culpa de la dictadura militar toda una camada de bandas habían sido ignoradas de manera olímpica por los medios especializados, y con la ventaja de haberlas visto en vivo, Prodan daba clases de rock sin caer en cuentos estúpidos y morales como el de la película Escuela de rock (¡El rock no se enseña en la escuela!) y vencía prejuicios al demostrar que ser rebelde no es sinónimo de ser iletrado, sino más bien todo lo contrario. El humor genial de Monty Python, de quienes Luca era fan declarado, da cuenta de esto.

Y en esa primavera alfonsinista donde parecía haber un futuro ilimitado, el humor en el rock era algo casi vedado salvo para Luca, Los Twist y, un poco menos, Miguel Abuelo.

Ahí estaba Luca en directo con “La pierna de mi abuela”, un hueso infecto que sacaba de un bolso ídem y que servía generalmente como intro de Kaya.

O esa entrevista radial en la que le preguntaron por la música de Miguel Mateos y la respuesta, en voz bien bajita, fue “Zas”.

O el hecho de tener al Hermano José, un mozo del bar de Humahuaca y Gallo, sirviéndole ginebra en vivo en Obras o a un doble de Gustavo Cerati, a quien introdujo como “músico invitado”, en los shows del Teatro Astros.

A todo eso hay que sumarle la barba dividida de Pettinato, las veces que Germán Daffunchio tocó con brazos de pulpo entrelazados con su guitarra o los golpes que Luca le propinaba a Ricardo Mollo en medio de sus incendiarios solos.

Detalles que asombraban por lo disparatado y que aún hoy, con la ventaja que da el recuerdo que se transforma en leyenda, lucen revolucionarios.

Ese gastado calificativo no suena a hipérbole a la hora de hablar de Sumo.

Sus discos son un testamento sonoro que, si bien no envejeció nada, no es completo a la hora de recordar el todo, más allá de esas inevitables quejas de los rockeros con sus discos viejos desde lo técnico (el “Hoy sonaría mucho mejor y distinto”, dicho por casi todos como un mantra, sin tener en cuenta que esas limitaciones dan a esos registros un encanto único e irrepetible).

Pensar entonces a Sumo de la misma forma en la que el Abuelo Miguel pensó a su grupo: como una estrella de 6 puntas en las que cada una pudiera brillar a su antojo.

De ahí que las canciones fueran en su mayoría firmadas en conjunto y que luego de la muerte de Luca la descendencia musical de Sumo (Divididos, Las Pelotas, Pachuco Cadáver y las incursiones jazzeras de Pettinato) no subestime a su público ni maneje la complacencia o la demagogia.

“La muerte no es el fin”, supo cantar Bob Dylan, y una vez más volvemos a los opuestos complementarios para hablar del deceso de Luca.

Según los testimonios de quienes lo frecuentaron en sus últimos días, el final anunciado por el propio Prodan se contradecía con su internación para curarse del alcoholismo tras cobrar un dinero que SADAIC le adeudaba, y la sustancia que lo llevó al más allá sería la misma a la que había renunciado para vivir en nuestro país y a la que le dedicó uno de sus mejores temas.

Nunca tendremos una respuesta verdadera.

Sí sabemos con exactitud que en el último show, el domingo 20 de diciembre de 1987 en la cancha del Club Atlético Los Andres, junto con Los Violadores, Sumo abrió y cerró con Fuck You, un hit under incluido en Corpiños en la madrugada, su debut discográfico que vio la luz originalmente en forma de casete.

Fue la única vez que el grupo interpretó ese tema 2 veces.

Y no hay mejor epitafio ni testamento para un embanderado de la libertad como Luca Prodan que ese gesto.
CANCIONES

 

1- La rubia tarada

El primer hit de Sumo es el ABC del «universo Prodan»: una fotografía (bajo un ritmo funk inédito acá hasta entonces) de los “chetos” discotequeros de la época por parte de un punk rocker extranjero que no necesitaba quedar bien con nadie. «¡Esta sí que es Argentina!»

Una de las grandes canciones punk argentinas de todos los tiempos, plagada de imágenes demenciales e interpretada por un combo que sonaba aceitadísimo, que dialogaba a velocidad supersónica con un Luca en su apogeo.

 

3- No Good

Pudo haber sido Regtest o El reggae de paz y amor o No acabes o La gota en el ojo, pero No Good muestra a un Prodan que con su voz (más relajada que nunca) se anima con éxito a la versión lovers (“melódica”) del género jamaiquino.

 

4- Crua Chan

Las gaitas (con el nombre propio del instrumento los fans conocían este tema antes de su aparición en After Chabon) dominan la melodía de una marcha militar escocesa: un grito de guerra por parte de un italiano que siempre amó a la nación más díscola del Reino Unido.

 

5- Mañana en el Abasto

Si La rubia tarada era una mirada nocturna de la Argentina, Mañana en el Abasto es su contracara diurna y porteña: una descripción de un barrio que en ese momento estaba abandonado por el cierre del mercado.

La muerte de Prodan nos privó de su opinión sobre el shopping que se erige ahora en ese solar.

 

6​-Noche de paz

“La versión punk y nuestro vano intento de tener un hit navideño”, escribió Pettinato para esta adaptación en 3 idiomas del tradicional villancico.

Una broma que iba a tener su coronación el 30 de diciembre de 1987 cuando Sumo tocaría en Cemento, lo cual no ocurrió por la muerte de Luca.

 

 

 

Opiniones colegas

Andrés Calamaro

“Dicen que Luca estudió en los mejores colegios británicos, donde se educa a los aristócratas y la clase dirigente. Bohemio y ex convicto de la vida, llegó a las sierras de Córdoba para vivir una vida distinta y quitarse de la manteca, el flagelo de su propia generación, peste en las venas.

Callejero, MC y natural born leader, llegó a la Argentina (y al rock) justo cuando lo necesitábamos.

Alguien tenía que poner en hora los relojes. Traer el viento de Londres, el reggae, Joy Division o Ian Dury.

Eso por citar algunas de las influencias de este autentico príncipe y mendigo, con biblioteca que prefería disimular. Con instinto y encanto. Un caballero con callos en las venas y sin demasiadas pulgas.

También venía a decir lo que tenía que decir.

Quizás quiso cantar en un grupo que le pudiera recordar a Velvet y al folk punk de los subterráneos de Londres. No sabemos quiénes eran sus amigos en Inglaterra; quizás se mezcló con jamaiquinos para fumar y escuchar reggae. Está claro que había visto muchos recitales y sabía qué hacer con un micrófono.

Y en el escenario era genio y figura. Siempre con la misma camiseta, capaz del rock sublime o de bajarse a pelear con el publico de las primeras filas si alguien lo estaba fastidiando.

A pesar de sí mismo terminó liderando un grupo de poderío instrumental y habilidades instrumentales. Encontró almas gemelas, gente tranquila de barrio, músicos buenos que le dieron cuerpo al Sumo definitivo; un sonido que escapaba, quizás, de las expectativas del propio Luca.

Era amable y cálido. Como todos los ex adictos al opio, llenaba los espacios vacíos con licor.

Y Luca dejó un vacío improbable de llenar.

Sumo es su legado y él mismo (simbólico, humano y existencial) su propio legado también.

Sigue faltando ‘lo que diría Luca’, las cosas como él las hubiera hecho.

Una vez viajamos juntos a Mar del Plata. Puesto a elegir autobuses elegí el de Sumo: desodorante de ambiente y fumar hasta llegar. Hablamos de música: ‘Tom Waits es una buena mezcla de Dr John y Captain Beefheart’. Y cantaba a capella con unas guitarras que tiraba Ricardo desde unos auriculares de Rockman.

Guardé, sin darme cuenta, aquella grabación hasta que un grabador ‘se comió’ la cinta, varados cerca de la frontera del Uruguay y Brasil… Quiero creer que hubiéramos grabado juntos y mucho, con nuestras máquinas domésticas de grabación. Que hubiera sido un actor importante en mis grabaciones más destroyer y aventureras.

Ariel Minimal

“Una sola vez vi a Sumo en circunstancias medio raras: fue en los carnavales del Club Deportivo Español. Primero tocó una orquesta típica de paso doble. Cuando arrancó Sumo se sumaron los percusionistas de la orquesta: se ve que les pidieron que se quedaran y tocaron todos juntos.

Y Luca lo hostigaba a Mollo mientras hacía los solos, tirándole espuma de carnaval. Fue un recital increíble.”Ariel Minimal, cantante y guitarrista de Pez. (Juano Tesone)

Santiago Motorizado

“Nunca fui muy fan de Sumo, pero siempre me pareció genial su universo y todo lo que generaron. Me pasó varias veces de estar escuchando y preguntar: ‘¿Esto qué es? Es Sumo’.

Como que sus mejores temas no son los hits. Me gusta que a su universo rockero, moderno y de vanguardia le agregaran humor. Y me pasa que la figura del rockero reventado no me interpela, pero sí esa cosa que tenía Luca de querer tocar todas las noches con múltiples proyectos.»

Santiago Motorizado, bajista y cantante de Él Mató a un Policía Motorizado. (Lucía Merle)

Palo Pandolfo

“A Sumo lo conozco en vivo en el 84 en un show en La Alcantarilla, en Plaza Serrano. Ese show fue el principio de un fanatismo loco: terminé arriba de una silla sacudido por el éxtasis de ese groove bailable, oscuro y pesado, y de esa voz gutural.

1984 es un año determinante: se grabó el primer disco de Soda Stereo, Gulp de los Redonditos, Charly grabó Piano bar, y se formó Don Cornelio.

Ver a Sumo en ese año fue como un acompañamiento para esa sensación de libertad, esa recuperación de la calle y de la noche. Luca acompañó todo ese proceso y fue como un chamán cultural, un abrecabezas.

Gillespi

“Sumo ensayaba en un sótano en El Palomar. Estuve un rato y nadie me abría la puerta, mientras escuchaba que estaban ensayando.

En algún momento salió uno con unos envases de cerveza y me mandé. Entré y todos me miraron mal. Y Pettinato, que me había citado, dijo: ‘Él es un trompetista. Hagan de cuenta que me compré un pedal’.

Ese fue mi único ensayo antes del show del Chateau Rock, que fue un par de días después. Ahí me subí a tocar sin tener la más puta idea de nada. Y en la previa Luca me dijo: ‘Vos mirame a mí, y si yo te digo Vos tocá, vos tocás’.

Fue la única marcación que me hizo y así estuvimos toda la noche. El show salió en la tapa de la revista Pelo, y la nota decía: ‘Con la incorporación de un trompetista de free jazz, que según Luca se llama Marcelito’. Y todo ese año, que fue el último, toqué con ellos

Sergio Rotman

“Lo que siempre trato de contar a los que no vieron a Sumo es que la idea que tienen de cómo sonaban es la opuesta a cómo en realidad sonaban.

Sumo era una banda de post punk que tocaba un reggae bastante oscuro. Cuando rockeaban no recurrían a la distorsión per se sino que estaban en algún aspecto cercanos a Joy Division y Wire.

Pero lo que más me impresiona es que el legado de Sumo es de aguante, ya que esa especie de concepto de que Luca era un reventado rocanrolero no es cierto.

Los vi mucho en distintos lugares y la sensación siempre era de una banda hostil de la que uno siempre aprendía.

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