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Con el puente de fondo, Weretilneck no dudó en describirlo como “deplorable”. No es una mirada aislada: vecinos, transportistas y productores vienen señalando hace tiempo el deterioro del puente en Río Colorado, un punto clave para la conexión entre provincias y para el movimiento económico de la región.
Lo cierto es que las imágenes que circularon en los últimos días refuerzan esa preocupación. Se observan fisuras, deformaciones y un desgaste que ya no pasa desapercibido. ¿Cuánto más puede resistir la estructura en estas condiciones? Esa es la pregunta que hoy se hacen muchos.
El reclamo del gobernador no surgió de la nada. Días antes, desde el Ministerio de Obras y Servicios Públicos junto a Vialidad Rionegrina, se había elevado un pedido formal a Nación para conocer el estado real del puente y las obras previstas.
Según explicaron fuentes oficiales, la solicitud apunta a obtener certezas: si hay estudios actualizados, si existen planes de reparación y, sobre todo, en qué plazos podrían ejecutarse. Hasta ahora, la incertidumbre sigue siendo protagonista.
Weretilneck fue claro al respecto: pidió que el organismo nacional “arbitre las medidas necesarias” para resolver tanto los problemas estructurales como el mantenimiento pendiente.
No hay que perder de vista un dato clave: el puente no solo soporta tránsito local. En los últimos años, el flujo de camiones creció de forma sostenida, especialmente por la actividad vinculada a Vaca Muerta, lo que intensificó el desgaste.
A esto se suma otro factor que genera ruido: la falta de controles de peso en la zona, una situación que —según advierten desde la Provincia— termina acelerando el deterioro de la infraestructura.
Como si fuera poco, el desgaste no se limita a la estructura principal. La calzada también muestra signos de fatiga, lo que complica aún más la circulación diaria.
El planteo de fondo es garantizar condiciones seguras en un punto neurálgico de la región. Miles de personas cruzan ese puente cada día, ya sea por trabajo, producción o vida cotidiana.
Mientras tanto, crece la inquietud. ¿Se actuará a tiempo? ¿Habrá una respuesta concreta en el corto plazo? Por ahora, lo único claro es que el reclamo ya está instalado en la agenda pública.
Y, como suele pasar en estos casos, la presión social no parece que vaya a bajar.