La sucesión de noticias puede resultar llamativa. En un mismo período aparecen reportes de movimientos sísmicos en regiones muy alejadas entre sí, desde el sudeste asiático hasta Europa y América del Sur.
Indonesia registró algunos de los episodios más destacados, mientras que España volvió a experimentar actividad sísmica en la zona de Granada. Colombia y Venezuela también reportaron movimientos y, en Argentina, se registraron varios sismos de menor magnitud.
¿Significa esto que todos forman parte de una misma cadena? La respuesta, al menos con la información disponible, es no.
El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) señala que la cantidad de terremotos registrados puede variar durante períodos cortos sin que eso represente necesariamente un cambio significativo en la actividad sísmica global. Es decir, que durante algunos días se produzcan más movimientos de los habituales entra dentro de las fluctuaciones naturales del planeta.
Para entender por qué pueden producirse varios terremotos casi al mismo tiempo hay que mirar debajo de la superficie terrestre.
La corteza está formada por grandes placas tectónicas que se desplazan de manera constante, aunque lo hagan a velocidades muy lentas. En los límites entre esas placas, y también dentro de ellas, pueden acumularse tensiones durante largos períodos.
Cuando la presión supera la resistencia de una falla, se produce una liberación brusca de energía que genera ondas sísmicas. Así nacen los terremotos.
Como este proceso ocurre simultáneamente en numerosos lugares del mundo, es perfectamente posible que dos o más terremotos se produzcan con pocas horas o días de diferencia sin que exista una relación directa entre ellos.
Un movimiento en Indonesia y otro en Argentina, por ejemplo, pueden coincidir en el calendario simplemente porque ambos responden a procesos geológicos independientes.
Existe un fenómeno conocido como transferencia dinámica de esfuerzos por el cual las ondas generadas por un gran terremoto pueden modificar temporalmente las condiciones de tensión en otras fallas.
Pero se trata de un mecanismo concreto que debe estudiarse caso por caso. No significa que un terremoto fuerte desencadene automáticamente una serie de sismos alrededor del planeta.
Por eso, relacionar distintos movimientos únicamente porque ocurrieron durante la misma semana puede llevar a conclusiones equivocadas.
¿Realmente está temblando más la Tierra?
Hay otro elemento que puede alimentar la sensación de que estamos ante una ola de terremotos: la velocidad con la que actualmente circula la información.
Los sistemas de monitoreo sísmico permiten detectar movimientos prácticamente en tiempo real. A eso se suman aplicaciones, medios de comunicación y redes sociales, que hacen que un terremoto ocurrido a miles de kilómetros pueda convertirse en noticia pocos minutos después.
Décadas atrás, muchos sismos moderados podían pasar inadvertidos para buena parte de la población mundial.
Además, no todos los terremotos tienen las mismas características. La profundidad, la magnitud, la distancia respecto de zonas pobladas y las condiciones del terreno influyen en cuánto puede sentirse un movimiento.
Un sismo relativamente moderado y superficial puede generar preocupación en una ciudad, mientras que otro de mayor magnitud, pero ocurrido a gran profundidad o en una región despoblada, puede tener un impacto mucho menor sobre la población.
Réplicas y enjambres sísmicos: dos fenómenos diferentes
No todos los movimientos que ocurren cerca temporalmente constituyen terremotos independientes.
Después de un terremoto importante es habitual que se produzcan réplicas. Se trata de movimientos vinculados al reajuste de la falla que sufrió la ruptura principal. Su frecuencia suele disminuir con el paso del tiempo, aunque una secuencia puede prolongarse durante semanas, meses o incluso más tiempo después de grandes terremotos.
Los enjambres sísmicos, en cambio, tienen otra dinámica. En estos casos se registran numerosos movimientos concentrados en una zona determinada sin que necesariamente exista un único terremoto principal claramente dominante.
Estos episodios pueden estar relacionados con distintos procesos geológicos, como movimientos de fallas o, en determinadas regiones, actividad asociada al magma.
La diferencia es importante porque ninguno de estos conceptos permite agrupar automáticamente terremotos ocurridos en continentes diferentes.
Una seguidilla de sismos no permite anticipar el próximo terremoto
La aparición de varios terremotos en pocos días también suele generar una pregunta inevitable: ¿es una señal de que se aproxima un gran terremoto?
La ciencia no permite afirmarlo.
El USGS sostiene que actualmente no existe un método capaz de predecir con precisión un terremoto indicando de antemano el lugar exacto, la fecha y la magnitud. Los especialistas sí pueden estudiar las características de determinadas regiones y establecer probabilidades de ocurrencia a largo plazo, pero eso es diferente a realizar una predicción puntual.
Por ese motivo, una concentración temporal de sismos no puede utilizarse por sí sola como una alerta sobre dónde ocurrirá el próximo gran movimiento.
Qué se necesita para saber si dos terremotos están relacionados
La coincidencia en el calendario es apenas el primer dato. Para determinar si existe algún vínculo entre dos eventos es necesario analizar muchos otros factores.
Entre ellos se encuentran la ubicación exacta del epicentro, la profundidad, el tipo de falla involucrada, la magnitud y la forma en que se propagaron las ondas sísmicas.
Indonesia, España, Colombia, Venezuela y Argentina presentan contextos tectónicos diferentes. Que sus movimientos hayan coincidido en las noticias no alcanza para establecer una conexión geológica.
La actividad sísmica merece atención, especialmente en las zonas donde un terremoto importante puede estar acompañado por réplicas o donde se registra una secuencia inusual de movimientos.
Pero hay una diferencia entre estar atentos y asumir que existe una reacción en cadena mundial.
Por ahora, la seguidilla de terremotos observada en distintos puntos del planeta puede explicarse, en buena medida, por la actividad tectónica permanente y por nuestra capacidad cada vez mayor para detectarla y comunicarla. La coincidencia temporal resulta llamativa, pero no constituye por sí misma evidencia de que la Tierra esté atravesando una ola sísmica global.

