Ciencia

La historia de InmunoCoviTuc: un test que tuvo grandes resultados

Desarrollado por científicas y científicos del CONICET para medir anticuerpos contra el SARS-CoV-2, ha sido utilizado en ensayos clínicos e investigaciones, así como para brindar un Servicio Tecnológico de Alto Nivel.

Rosana Chehín, investigadora del CONICET y directora del Instituto de Investigaciones en Medicina Molecular y Celular Aplicada del Bicentenario (IMMCA, CONICET-Tucumán-UNT), es especialista en el estudio de enfermedades neurodegenerativas y lidera un equipo que se dedica a desarrollar estrategias terapéuticas y diagnósticas para este tipo de patologías.

En abril de 2020, cuando corrían aun las primeras semanas del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) y tras permanecer algunas semanas en sus casas, Chehín y parte de su equipo volvieron al IMMCA con el objetivo de reorientar sus esfuerzos hacia un proyecto que respondiera a las urgencias del momento: estudiar los efectos neurológicos del COVID-19.

“Se sabía que el SARS-CoV-2 era un virus neurotrópico, y nosotros queríamos estudiar, en cultivos celulares, si realmente era capaz de producir neuroinflamación, porque había muchos síntomas parkinsonianos en algunos pacientes con COVID-19. En aquel momento no era un tema del que se hablara mucho”, cuenta Chehín.

Medir anticuerpos en potenciales donantes de plasma convaleciente

Sin embargo, a los pocos días de volver al trabajo, los científicos y científicas del IMMCA recibieron un pedido por parte del Sistema Provincial de Salud de la Provincia de Tucumán (SIPROSA), realizado a través de Comité Operativo de Emergencia COVID-19 (COE), que revestía aun mayor urgencia: “Nos solicitaron que desarrollemos un test ELISA para medir la respuesta inmune de los post infectados. Para fines de mayo 2020 ya teníamos al test andando y comenzamos a medir la titulación de anticuerpos anti SARS-CoV-2, en el suero de habitantes de Tucumán que sabíamos que habían atravesado la enfermedad”, señala Chehín. Este test fue bautizado con el nombre de .

En un comienzo, cuando aún no se disponía de vacunas y costaba hallar tratamientos efectivos, la idea era usar el test para identificar post infectados que exhibieran una respuesta inmune potente contra el SARS-CoV-2, para que se convirtieran en donantes de plasma. El objetivo final era tratar con ese plasma, rico en anticuerpos, a pacientes que no respondieran a otras terapias.

“Testeamos el suero de más de 1200 personas que habían tenido COVID-19, para ver quiénes podían ser los mejores donantes. Y ahí lo que vimos es que solo uno de cada cinco post infectados tenía la cantidad de anticuerpos neutralizantes necesarios como para que su plasma pudiera ser utilizado de forma terapéutica”, afirma Diego Ploper, investigador del CONICET en el IMMCA.

El antígeno que utiliza InmunoCoviTuc es el dominio RBD (Receptor-Binding Domain) de la proteína Spike (S) del SARS-CoV-2, aquella que tiene la capacidad de unirse al receptor ACE2 de las células humanas, y fue producido en líneas celulares transgénicas desarrolladas en el IMMCA.

“En aquel momento, ningún laboratorio clínico de la región medía anticuerpos anti-RBD, que son los que mayor capacidad tienen de neutralizar al virus, para estudiar la respuesta inmune contra el SARS-CoV-2”, señala Ploper.

Para poder desarrollar InmunoCoviTuc en un tiempo acorde a la urgencia que aquella etapa de la pandemia plateaba, el equipo de investigación de del IMMCA contó con la colaboración de Gustavo y Raúl Mostoslavsky, respectivamente de la Boston University School of Medicine y del Massachusetts General Hospital Cancer Center, quienes enviaron las secuencias genéticas necesarias para desarrollar el antígeno. Del estudio, que fue coordinado por el IMMCA y por el Ministerio de Salud de la Provincia de Tucumán, también participaron científicas y científicos del Centro de Referencia para Lactobacilos (CERELA, CONICET) y del Laboratorio de Salud Pública de Tucumán (LSP, SIPROSA).

El ensayo InmunoCoviTuc en progreso. Foto: gentileza equipo IMMCA.

La respuesta inmunológica de las personas que viven en la altura

Al estudiar la respuesta inmune en post infectados con SARS-CoV-2 de la Provincia de Tucumán, en búsqueda de potenciales donantes de plasma, el equipo de investigación no halló diferencias ni por grupo etario ni por género. Sin embargo, encontraron que las personas provenientes de zonas de gran altitud –como Tafí del Valle, que se encuentra a más de 2 mil metros sobre el nivel del mar- mostraban un número de anticuerpos anti-RBD más elevado y más persistente en el tiempo, que los individuos de ciudades de menor altitud -como San Miguel de Tucumán, localizada a poco más de 400 metros sobre el nivel del mar-. Los resultados de este estudio, en el que también se presentó el desarrollo de InmunoCoviTuc, fueron publicados en la revista Frontiers in Medicine.

“Esto no se había descripto antes en ningún lugar del mundo. Si bien existían algunos reportes clínicos en el mundo que indicaban que la gente que vivía en la altura desarrollaba cuadros menos severos, nadie había comparado la respuesta de anticuerpos neutralizantes de habitantes de ciudades de altura con la de habitantes del llano. Nosotros aportamos el dato de que quienes viven en la altura, en Tucumán, generan tras la infección una respuesta inmune humoral más potente, que además se prolonga más en el tiempo”, indica Chehín. Esta situación convirtió a los post infectados de Tafí del Valle en súper donantes.

De acuerdo con Chehín, los post infectados provenientes de la altura mostraban un número de anticuerpos anti-RBD similar al que luego se pudo ver en las personas vacunadas. Por otro lado, las personas que no viven en la altura, pero que por cuestiones laborales suben habitualmente (como personal de salud y choferes), exhibían un nivel de anticuerpos neutralizantes similar al de los habitantes de ciudades de poca altura.

“Aunque existen algunas hipótesis, aun no se sabe por qué los habitantes de zonas de altura desarrollan una mayor cantidad de anticuerpos anti-RBD. Todavía hay que estudiar cuáles son las causas detrás de este fenómeno”, afirma Chehín.

Medición de la respuesta inmune en el personal de salud vacunado con la Sputnik V

Cuando en los últimos días de 2020, tuvo comienzo en la Argentina la campaña de vacunación contra el SARS-CoV-2, con la administración de las primeras dosis de Sputnik V al personal de salud, Chehín y su equipo empezaron a darle a un nuevo uso a InmunoCoviTuc: hacer un seguimiento de cómo evolucionaba en el tiempo la respuesta inmune anti-RBD de las personas vacunadas. Para ello, realizaron mediciones sobre muestras de suero, de 602 trabajadores de la salud de la Provincia de Tucumán, tomadas el mismo día de aplicación de la primera dosis de Sputnik V y 14, 28, 60, 90 y 180 días después de haber recibido la vacuna. Los resultados fueron publicados en The Lancet Regional Health – Americas, primero en forma de preprint en agosto del 2021 y luego en su versión definitiva, tres meses después. El trabajo fue presentado ante la Organización Mundial de la Salud como evidencia de la respuesta inmunitaria inducida por la Sputnik V.

Los resultados mostraron que a los 28 días de recibir la Sputnik, el 97 por ciento de los vacunados exhibía anticuerpos anti-RBD, y que si bien, ya a partir de los 60 días, se veía un descenso en el número de anticuerpos, aun a los 180 días un 31 por ciento de los voluntarios mostraban títulos de anticuerpos anti-RBD. Cabe señalar, de todas formas, que la disminución de anticuerpos anti-RBD en el suero no significa falta de protección, ya que el sistema inmune también cuenta con una memoria inmunológica que le permite detectar y actuar contra antígenos que han estado previamente en el organismo.

Respecto de los primeros testeos de las muestras tomadas a los 28 día de la vacunación, obtenidos a fines de enero de 2020, Chehín recuerda: “Había muchísima expectativa por conocer los resultados. Aun no se habían publicado en The Lancet los resultados del ensayo de fase 3 de la Sputnik V –lo que iba a ocurrir recién el 2 de febrero- y existían dudas sobre la potencia de la respuesta inmune que podía inducir. Cuando al quitar el papel aluminio que la cubría, la placa del test se veía azul –lo cual indicaba que la mayoría de las muestras mostraba un alto título de anticuerpos anti-RBD- pegué un grito de la emoción y hubo festejos del otro lado del vidrio. Esa imagen no me la olvido más. La densidad de anticuerpos neutralizantes de SARS-CoV-2 era cuatro veces más alta que en los post infectados”.

En aquel momento, recuerda Chehín, no había test comerciales que pudieran medir la respuesta inmune inducida por las vacunas, porque los que había disponibles titulaban anticuerpos contra la proteína Nucleocápside (N) del virus, pero las vacunas brindan inmunidad contra con la proteína S, que es la que se une a las células.

“Hay que tener en cuenta que en ese momento era mucho más económico producir el antígeno N, que permite medir anticuerpos anti-N, que generar la proteína S o el dominio RBD. De las vacunas que se aplicaron en Argentina, los test comerciales que había solo podían medir la respuesta inmune inducida por la Sinopharm”, señala Ploper.

Las investigadoras del CONICET Silvia Cazorla y Rosana Chehín durante la transferencia de InmunoCoviTuc al Laboratorio de Salud Publica del Sistema Provincial de Salud de Tucumán. Foto: gentileza equipo IMMCA.

Un Servicio Tecnológico de Alto Nivel

La noticia del uso InmunoCoviTuc, para medir la respuesta inmune en pos infectados, disparó el interés de sanatorios privados de la provincia de Tucumán en la posibilidad de titular anticuerpos anti-RBD, dado que esta era una información más valiosa que la que brindaban los análisis clínicos de rutina, que sólo permitían diagnosticar la respuesta inmune contra la proteína N.

“En principio, tuvimos que responder que no podíamos ayudarlos, que nuestro desarrollo era para ser transferido al SIPROSA, y que no podía ser comercializado. Pero después, frente a la demanda social que había, se nos ocurrió la posibilidad ofrecer un Servicio Tecnológico de Alto Nivel (STAN) a través del CONICET, y después de varios meses de gestión pudimos hacerlo”, cuenta Ploper.

Para poder hacer el STAN tuvieron que reacondicionar el laboratorio, con el objetivo de que el organismo de fiscalización sanitaria del SIPROSA permitiera que en el IMCCA se puedan realizar diagnósticos clínicos.

“La verdad es que este proyecto fue muy exitoso. Además de que laboratorios clínicos de la provincia nos envían muestras para ser analizadas, también ofrecemos un servicio a personas particulares, a quienes les mandamos un técnico matriculado para sacarle sangre a la casa y después les hacemos conocer resultado mediante una aplicación online que también desarrollamos nosotros”, indica el científico.

Medir la respuesta inmune de distintas combinaciones de vacunas

A partir de la aplicación de las terceras dosis de vacunación contra el COVID-19 (a modo de refuerzo o de adicional), el equipo de investigación del IMMCA, en conjunto con la Facultad de Medicina de la UNT, lanzó una convocatoria para medir la respuesta inmunitaria inducida por las distintas combinaciones de vacunas.

Aunque los ensayos aún continúan marcha, el estudio ya se encuentra avanzado y el equipo de investigación espera prontamente poder hacer públicos los resultados sobre la respuesta inmune de anticuerpos anti-RBD que brindan los diferentes esquemas de vacunación.

“Por otro lado, con un grupo del Hospital Ángel C. Padilla de Tucumán, estudiamos la respuesta inmune a distintas combinaciones vacúnales en pacientes con lupus o artritis reumatoide que reciben diferentes tipos de tratamientos. En esta tarea, trabajamos codo a codo con los médicos”. Los resultados de estos ensayos ya se han hecho públicos en unas jornadas argentinas de reumatología y se volverán a presentar en junio, en el Congreso Anual Europeo de Reumatología, que tendrá lugar en Copenhague (Dinamarca). Además, está en marcha un estudio para medir la respuesta inducida por distintas combinaciones de vacunas, en adultos mayores de Tucumán.

InmunoCoviTuc fue transferido al Sistema Provincial de Salud de la Provincia de Tucumán: Foto: gentileza equipo IMMCA.

Otros proyectos: secuelas neurológicas post COVID-19 y producción de nanoanticuerpos en llamas

En este momento, el grupo de investigación dirigido por Chehín se propone continuar el estudio sobre las secuelas neurológicas del COVID-19, que se vio momentáneamente interrumpido por la necesidad de desarrollar el test de anticuerpos y los subsiguientes análisis clínicos.

En este sentido, cuentan con financiamiento de la Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación (Agencia I + D +i), ya que su proyecto, “Impacto de la infección por SARSCoV-2 en el desarrollo y/o progresión de la enfermedad de Parkinson: nuevas aproximaciones diagnósticas y estrategias terapéuticas”, fue seleccionado en la convocatoria 2021 de Proyectos de Investigación Científica y Tecnológica Orientados (PICTO).

Además, el grupo de investigación participa de un proyecto para producir nanoanticuerpos contra el SARS-CoV-2 en llamas. “Durante la pandemia surgió la información de que los camélidos generan –además de los anticuerpos normales- nanoanticuerpos capaces de neutralizar l SARS-CoV-2. Como en la Universidad Nacional de Tucumán hay un bioterio de llamas, lo que hicimos fue inmunizar a las llamas con el antígeno RBD, para luego purificar los nanoanticuerpos”, explica Chehín.

Fuente
CONICET
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