Argentina

La Dictadura y el rol fundamental de la Iglesia Católica

El 24 de marzo de 1976 la Junta de Comandantes en Jefe de la Argentina usurpó el gobierno constitucional por medio de un golpe de Estado con el apoyo de diversos grupos civiles y clericales. El período más oscuro de la historia argentina, el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional que gobernó de facto entre 1976 y 1983.

El golpe de Estado nació de una voluntad militar en alianza con un amplio sector del empresariado, ciertos espacios del arco político que aspiraban a actuar sobre el conjunto de la sociedad e imprimir en ella una transformación radical, una acción disciplinadora total, y desde luego la anuencia y «bendición» de la iglesia católica.

La Junta Militar que era el órgano supremo del régimen fijó como horizonte “reconstruir el contenido y la imagen de la Nación, erradicar la subversión y promover el desarrollo económico de la vida nacional basado en el equilibrio y participación responsable de los distintos sectores a fin de asegurar la posterior instauración de una democracia, republicana, representativa y federal, adecuada a la realidad y exigencias de solución y progreso del Pueblo Argentino”.

Estas tareas necesitarían de la restitución de los valores “de la moral cristiana, la tradición nacional y la dignidad del ser argentino” para garantizar el orden jurídico y social, según consta en el Acta de Propósitos y Objetivos Básicos para el Proceso de Reorganización Nacional firmada por Orlando Ramón Agosti (Brigadier de la Fuerza Aérea), Emilio Eduardo Massera (Almirante de la Armada) y Jorge Rafael Videla (General del Ejército), ya que “agotadas todas las instancias del mecanismo constitucional, superada la posibilidad de rectificaciones dentro del marco de las instituciones y demostrada en forma irreductible, la imposibilidad de recuperación del proceso por sus vías naturales, llega a su término una situación que agravia a la nación y compromete su futuro”, estas son, según sus palabras: el fundamento para la acción moralizadora a emprender.

En la Proclama de la Junta Militar, enunciaron y sentaron las bases de un plan sistemático e integral de terror, que sería de cárceles clandestinas, secuestros y desapariciones forzadas, torturas, robo de recién nacidos, sustitución de identidad, crímenes sexuales. Exilios. Censura, proscripción, quema de libros y muerte, so pretexto del crecimiento de los extremismos y un vacío de poder tal, que estaba en peligro el futuro de la nación sumida en la disolución y la anarquía perpetradas por la izquierda internacional y sus intereses afines (sic), “ser y desaparecer, ésta ha sido la tragedia argentina de la última dictadura militar, la ausencia que deja la desaparición oculta la entidad del que ya no está visible en la escena social, porque detrás de la desaparición hay un obrero, un militante, un profesional, una mujer embarazada, un estudiante, un escritor… y esos sujetos fueron borrados, negados, desaparecidos”, dice la filósofa y docente Angelina Uzin Olleros.

Entre las medidas inmediatas de gobierno se resolvió disolver todos los poderes del Estado y:

1- Constituir la Junta Militar con los Comandantes Generales de las Fuerzas Armadas de la Nación, la que asume el poder político de la República.
2- Declarar caducos los mandatos del Presidente de la Nación Argentina y de los Gobernadores y Vicegobernadores de las Provincias.
3- Declarar el cese de funciones de los interventores federales (…) del Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur y del Intendente Municipal de la Ciudad de Buenos Aires.
4- Disolver el Congreso Nacional, las Legislaturas Provinciales, la Sala de Representantes de la Ciudad de Buenos Aires y los Consejos Municipales de todas las provincias.
5- Remover los Miembros de la Corte Suprema de Justicia.
6- Remover el Procurador del Tesoro.
7- Suspender la actividad política y de los partidos políticos en todos los niveles del Estado.
8- Suspender la actividad de los gremios y el derecho a huelga.
9- Notificar e impartir nuevas estrategias al servicio exterior [entre otras].

Estas acciones dictatoriales previas a la brutal represión están fundadas en el ensayo de los comandantes a partir de lo que manifiestan son sus serenas meditaciones tendientes a “terminar con el desgobierno, la corrupción y el flagelo subversivo”. En ese sentido, la decadencia y corrupción diagnosticadas por las Fuerzas Armadas en lo económico, político, educativo, cultural y religioso se entendieron como manifestaciones de un mismo problema básico: el trastocamiento de los principios de autoridad y jerarquía. De este modo, el autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional” fue concebido como un proyecto sin tiempos definidos cuyo objetivo era, paradójicamente, la fundación de una nueva y auténtica república que permitiría, en un plazo remoto, restaurar la plena vigencia de la Constitución.

Discurso de Jorge Rafael Videla por Cadena Nacional:

 

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