Música

Walas anticipa lo nuevo de Massacre pero sin olvidar el rebusque de los primeros años

Se presenta este viernes 24 en Mar del Plata. En una entrevista con La Viola, el cantante habla del patriarcado y asegura que "el feminismo le hizo abrir los ojos a la sociedad".

Walas está contento y triste a la vez. Por un lado, Massacre está punto caramelo: la banda está en plena etapa de armado de un nuevo disco de estudio y este viernes se presentarán en Mar del Plata, en el festival C-PIK en Once Unidos. Pero la cara triste de la luna hoy lleva el nombre de Carajo: se acaba de enterar que Corvata, Vilanova y Langer oficializaron que el grupo no va más y se separa.

«Yo ya sabía que se separaban, pero esperaba que dieran marcha atrás. El año pasado hicimos con Carajo la colaboración en el tema ‘Invisible’. Es como que se separa una pareja de la familia, no sé, unos cuñados», dice Walas del otro lado del teléfono en una conversación con La Viola y enseguida agrega: «Bueno, cambiemos de tema, hablemos de algo más feliz. Hablemos de los Massacre que vamos a tocar en Marpla».

«Veo el line up del festival y me encanta», dice Walas sobre el C-PIK, es que Massacre compartirá escenario con El Mató a un Policía Motorizado –a quien mencionan en la canción «Tengo captura»-, con Ca7riel y Paco Amoroso, con Dante, El Kuelgue, Barbi Recanati -en la canción «Feliz Noviembre», Massacre recuerda un show con Utopians, la exbanda de Barbi-, los locales Científicos del Palo y otras bandas.

Massacre conjuga como ninguna otra banda los universos de lo mainstream y el under: tiene convocatoria y llegada, pero también espíritu y rebeldía. En la sangre de los Massacre corre postpunk, rock alternativo, traumas dignos de la generación x, psicodelia y el surrealismo.

-¿Cómo está Massacre en este 2020?

-Estamos recontra metidos en el futuro. En el disco nuevo de los Massacre. Laburando casi todos los días, no en la grabación sino en el demo. Mitad en el estudio de Juanchi Baleirón (Pericos) y mitad en el estudio de FicoPiskorz, nuestro guitarrista. Estamos metidos en lo que la gente no conoce y nos pone contentos hacer un paréntesis y tocar el presente, volver al presente.

-¿Cómo viene este disco?

-Estamos re orgulloso, se viene lo mejor, lo más adulto, maduro, artístico, testimonial, lo más confesional. Ahora estamos laburando con un demo de seis canciones, tenemos como para trabajar casi 20 temas, con algunos covers y adaptaciones. Pero ahora profundizando en seis canciones y me puse a pensar de qué hablan esas canciones.

-¿Y por dónde van? ¿Qué podés contar?

-Uno cuando analiza un disco ve las palabras que se repiten, las recurrentes. O si no se fija de qué habla cada canción. Y de estas, que no tienen título, anoté: tema uno, religión; tema dos naturaleza; tema tres, política; tema cuatro, amor; tema cinco, amor; y tema seis, mística. Cubrimos muchos aspectos. Nos falta fútbol y ya tenemos todo.

«A nivel compositivo y autoral estamos en un momento a punto caramelo», dice Walas, con esa dosis justa de dulzura pop y desparpajo punkrock y recuerda «sin falsa ni verdadera modestia», que los últimos tres discos de Massacre fueron elegidos por la crítica mejores discos en cada año –Biblia Ovni en 2015, Ringo 2011 y El Mamut 2007-. «Si yo fuera crítico, también pondría al que viene como disco del año», dice el cantante.

-¿Extrañás algo de los primeros años de Massacre?

-Estoy muy contento con los shows de ahora. Pero sí, extraño un poco el riesgo, la incertidumbre, el no saber a qué hora se toca, si los recitales terminan o no porque viene la cana, la falta de medios técnicos. Eso me gustaba, ese peligro, ese riesgo. Pero mucho de eso no despegamos porque nos seguimos moviendo entre el mainstream y el under. Hacemos un festival re pro que no falta ni una lamparita y al día siguiente tocamos en un sótano.

-¿Cómo ves hoy el ambiente del rock, con las denuncias que hubo a músicos por abuso y acoso?

-Más allá del rock, me parece que en general abrimos los ojos y se destapó una olla a nivel mundial, no solamente en el rock: a nivel laboral, a nivel Hollywood. Es una ola verde que no para, el feminismo actual es el feminismo tercera ola y para mí es la vencida. Y a mí me encanta. Es un movimiento que no solo cuestiona a lo patriarcal, sino que cuestiona el todo, cuestiona al poder, que es patriarcal. No solamente se cuestiona el patriarcado, sino todo lo que hasta ahora veíamos como verdades absolutas. Esta tercera ola tiene que ser la vencida. Estoy muy contento, yo me declaro matriarcal, pollerudo desde siempre. No puedo escapar a ese estándar, todas las musas de Massacre y toda la fuerza es siempre matriarcal. Los Massacre venimos del pensamiento anarco punk, de los fanzines, no podríamos escapar a tener el feminismo en la genética. No podemos no tener ese ingrediente en la receta.

-¿Cuál es la receta de Massacre para sobrevivir a estos tiempos?

-Escapar a lo oficial y tratar de ser independiente. De ser individuo. El otro día veía algo que decía Patti Smith en su libro Éramos unos niños, que todo el tiempo me emociona, lo que hay que hacer es escaparle al tedio de la vida obrera, de la vida occidental que nos imponen. Al tedio de laburar y tributar, que para eso estamos programados. Hay que escapar a eso y ser autónomos, escapar a los moldes. Esa es una forma de escaparle a cualquier crisis y ser feliz.

-Aparece un alien y hay que mostrarle qué es Massacre ¿qué temas le harías escuchar?

-El año pasado tuve el privilegio que vino a cenar a casa Gustavo Santaolalla. Le hicimos una paella espectacular, tomamos unos vinos y nos pusimos a escuchar unos discos. Y en un momento le empecé a poner discos de Massacre y le puse “Muñeca roja”, un tema viejísimo que es “Ana despierta”, le puse “Si quieren pueden volar”, que es una canción prácticamente instrumental. Imaginate, fue como explicarle la fórmula del hielo a los esquimales. Así que eso le mostraría.

Walas debe ser una de las personas con panza y barba más tierna de este lado del mundo. Cuenta que esa noche, en esa cena con Santaolalla «murió de amor». Ambos músicos no tenían una relación muy cercana, pero los universos se mezclaron y las agendas permitieron esa cena. En un momento, Santaolalla se sentó en el living de la casa de Walas, agarró una viola que estaba por ahí y se puso a tocar la música de «Secretos en la montaña», por la que ganó uno de sus dos Oscar.

«Yo me derretí, me derretí. Le saqué la viola de la mano y busqué una guitarra mejor, se la di y le dije: ‘Tome maestro, toque con esto’. Me enamoré«, dice Walas, quien está a punto caramelo, derretido de amor a días de tocar en Mar del Plata.

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La Viola
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