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Rosenkrantz: «No puede haber un derecho detrás de cada necesidad»

"En las proclamas populistas hay un olvido sistemático de que detrás de cada derecho hay un costo", sostuvo el juez de la Corte Suprema de Justicia.

El juez de la Corte Suprema de Justicia Carlos Rosenkrantz descalificó hoy las «proclamas populistas» y desmintió una de las clásicas consignas del peronismo acerca de que «detrás de cada necesidad hay un derecho».

En el marco de una conferencia titulada «Justicia, Derecho y Populismo en Latinoamérica, organizada por la Universidad de Chile el jueves pasado, el vicepresidente del máximo tribunal fundamentó su postura al señalar que «no hay suficientes recursos para satisfacer todas las necesidades».

«Hay una afirmación que yo veo como un síntoma innegable de fe populista y en mi país se escucha con frecuencia, según la cual detrás de cada necesidad debe haber un derecho. Obviamente un mundo donde todas las necesidades son satisfechas es deseado por todos, pero no existe. Si existiera, no tendría ningún sentido la discusión política y moral», reflexionó.

En esta clave, sostuvo que «no puede haber un derecho detrás de cada necesidad porque no hay suficientes recursos para satisfacer todas las necesidades, a menos que restrinjamos qué se entiende por necesidad y que se entienda por derecho a las acciones que no son jurídicamente ejecutables».

Al entender del magistrado, «en las proclamas populistas hay un olvido sistemático de que detrás de cada derecho hay un costo».

«Otros tienen obligaciones y honrar obligaciones es siempre costoso en recursos y que no hay suficientes recursos para satisfacer todas las necesidades», insistió en otro pasaje de su discurso.

Rosenkrantz también se permitió reflexionar acerca de las naturaleza del populismo y las distintas interpretaciones que hay en torno a los movimientos políticos que profesan esa «fe».

«Los que critican al populismo lo asocian al nacionalismo, la demagogia o el autoritarismo. Quienes lo aprecian es sinónimo de cambio, de antielitismo, de recuperación del auténtico valor y sentido de la democracia», manifestó.

«En las democracias, el progreso se concibe como un objetivo incremental. Esto es así porque las democracias constitucionales son, en esencia, arreglos institucionales que hacen imposible que mayorías transitorias cambien la fisonomía de una sociedad. El cambio requiere cambios legales, constitucionales, y es siempre dificultoso y lento. El populismo es maximalista porque pregona un cambio instantáneo y radical, demoniza nuestro modo de hacer política, a la política tradicional. Concibe a la política tradicional como promotora y reproductora del statu quo, la mascarada perfecta de la continuidad, por eso todo populismo pregona el cambio ya», analizó.

Fuente
NA

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