En el Día de las Bibliotecas Populares, la realidad de estas instituciones vuelve a poner en el centro el debate sobre su sostenimiento. Desde Río Colorado, Gisela Klein, integrante de la comisión directiva de la Biblioteca Popular Domingo Faustino Sarmiento, habló sobre las dificultades que atraviesa el sector, los reclamos realizados ante el Congreso y la necesidad de fortalecer el acompañamiento a estos espacios comunitarios.
Cada 23 de septiembre se conmemora en Argentina el Día de las Bibliotecas Populares, fecha que recuerda la promulgación, en 1870, de la Ley 419, impulsada durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento. Aquella norma estableció el apoyo del Estado nacional a las bibliotecas populares y dio origen a la Comisión Protectora, antecedente de la actual Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP).
A 156 años de aquel momento fundacional, la jornada encuentra a las bibliotecas populares del país entre los festejos y los reclamos por las dificultades para sostener su funcionamiento.
Así lo planteó Gisela Klein, integrante de la comisión directiva de la Biblioteca Popular Domingo Faustino Sarmiento de Río Colorado, en diálogo con Libertad Radio 95.1.
“Estamos un poquito maltrechos en términos de CONABIP y bibliotecas populares”, señaló Klein al referirse a la situación que atraviesan actualmente estas instituciones.
Reclamos por los fondos destinados a las bibliotecas
Según explicó, representantes de bibliotecas populares y federaciones participaron de una presentación ante la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados, donde se planten distintos reclamos vinculados con los recursos destinados al sector.
Klein sostuvo que existe preocupación por la diferencia entre los fondos contemplados para las bibliotecas y los recursos que finalmente llegan a las instituciones. En ese marco, reclamó respuestas sobre el destino de esos recursos y señaló las dificultades que enfrentan las bibliotecas para afrontar gastos básicos como electricidad, gas, limpieza y mantenimiento.
La situación, explicó, no es exclusiva de Río Colorado. Mencionó casos de bibliotecas de La Pampa y otras localidades patagónicas que, durante los meses de frío, debieron afrontar dificultades para mantener abiertas sus puertas debido al costo de los servicios de calefacción.
La preocupación se extiende también al personal bibliotecario y a las instituciones que cumplen funciones de preservación histórica, educativas y culturales.
La propia CONABIP mantiene actualmente líneas de financiamiento para gastos de funcionamiento de las bibliotecas populares. En 2025, el programa de recursos para la gestión alcanzó a 638 instituciones, con una inversión informada oficialmente de $1.577,3 millones. Para 2026, el organismo abrió nuevamente la convocatoria destinada a solventar los gastos habituales de funcionamiento.
También continúa el Programa Libro, que en 2026 destinó más de $2.297 millones para la adquisición de material bibliográfico por parte de 859 bibliotecas populares.
Estos programas constituyen herramientas de financiamiento, pero desde las bibliotecas se plantea que el desafío cotidiano va mucho más allá de la compra de libros: implica poder sostener abiertas las puertas de instituciones que funcionan como espacios culturales y comunitarios.
Bibliotecas que cumplen funciones cada vez más amplias
Durante la entrevista, Gisela Klein remarcó precisamente ese rol social.
Explicó que, frente al deterioro de las condiciones económicas, muchas bibliotecas terminan funcionando también como espacios de contención: lugares donde las personas pueden resguardarse del frío o del calor, acceder a servicios, estudiar, realizar trabajos escolares, consultar información o simplemente permanecer en un espacio comunitario.
“Si no hay recursos para mantener esas bibliotecas abiertas, esas bibliotecas a veces tienen que cerrar”, advirtió.
La Biblioteca Popular Domingo Faustino Sarmiento de Río Colorado también enfrenta dificultades. Klein contó que actualmente deben hacer un esfuerzo permanente para afrontar los gastos de funcionamiento y que se cuentan “cada uno de los pesos” que ingresan mediante las cuotas de los socios y los talleres.
A esto se suma la necesidad de realizar trámites y presentar documentación para acceder a subsidios y programas de financiamiento.
La participación comunitaria, otra forma de sostener la biblioteca
Frente a este escenario, la biblioteca de Río Colorado busca fortalecer también el vínculo con su comunidad.
La institución cuenta con talleres abiertos y diversas actividades, y cada uno de esos espacios representa además una fuente de trabajo para personas de la localidad.
En el Día de las Bibliotecas Populares, la comisión decidió celebrar con la comunidad. Durante la jornada se realizaron sorteos de libros para niños y adultos y se invitó a los vecinos a acercarse, dejar registrada su visita y conocer las distintas propuestas.
Klein destacó además la importancia de sumar socios. La cuota actual es de $5.000 cada dos meses, con la posibilidad de abonarla a través de la factura de la luz.
La biblioteca se encuentra además próxima a realizar su asamblea y renovar autoridades, por lo que desde la comisión convocaron a los vecinos a participar, incluso aunque no quieran integrar formalmente la comisión directiva.
Un día para celebrar, pero también para visibilizar
A pesar de las dificultades, Klein insistió en que el 23 de septiembre sigue siendo una fecha de celebración.
“Es un motivo de festejo”, sostuvo al destacar la posibilidad de contar en Río Colorado con una biblioteca con una importante cantidad de ejemplares, trabajadores y bibliotecarios, además de una amplia propuesta de talleres y actividades.
La fecha vuelve así a poner en evidencia una realidad que atraviesa a muchas bibliotecas populares: son instituciones que nacieron para acercar los libros y la cultura a las comunidades, pero que con el paso del tiempo ampliaron sus funciones y se transformaron en espacios de encuentro, educación, contención y participación.
A 156 años de la creación de la CONABIP, el reclamo de las bibliotecas apunta a garantizar que puedan continuar cumpliendo esa tarea.
Porque detrás de cada biblioteca que abre sus puertas hay mucho más que estanterías y libros: hay trabajadores, voluntarios, socios, talleres, estudiantes, lectores y comunidades que encuentran allí un lugar de pertenencia.

