“Es una situación como nunca vista”, advirtió la supervisora de nivel medio, Adriana Moyano, quien confirmó que ya se registraron al menos dos hechos concretos en la localidad: uno en el CET 10 y otro en el ESRN 3. Casos similares también se reportaron en otras ciudades de Río Negro y del país, lo que refuerza la hipótesis de una conducta replicada a través de redes sociales.
Las amenazas, que en algunos casos ya fueron judicializadas, no son tomadas a la ligera. “Una amenaza es un delito, y debe ser denunciado como tal”, remarcó Moyano. Sin embargo, fue más allá y planteó que el problema no puede abordarse únicamente desde lo punitivo: “Ni minimizar ni generar pánico. Tenemos que visibilizar lo que está pasando y actuar”.
El fenómeno, según explicó, está profundamente ligado al mundo digital y a la lógica de viralización que atraviesa a las nuevas generaciones. “Estamos frente a una cultura digital que muchas veces desborda a los adultos. Esto genera miedo, y en algunos casos hasta psicosis en las comunidades”, sostuvo.
En ese contexto, comenzaron a surgir dudas y temores entre las familias. Incluso, algunos padres se preguntan si es seguro enviar a sus hijos a la escuela. Frente a esto, la supervisora fue clara: la clave está en reforzar el diálogo. “La palabra tiene que circular, en la escuela y en las familias. Hay que escuchar a los adolescentes, saber qué les pasa y qué sienten”, señaló.
Moyano también puso el foco en el rol de los adultos y en la necesidad de recuperar límites y responsabilidades. “La escuela sola no puede. Esto requiere del compromiso de toda la comunidad: familias, Estado, instituciones. Hay un corrimiento del rol adulto que debemos revisar”, advirtió.
Además, dejó planteado un debate que gana terreno: el uso de celulares en las aulas. Si bien reconoció que existen distintas posturas, consideró que podría ser necesario repensar su presencia en el ámbito escolar como una forma de cuidar los vínculos y reducir la exposición a contenidos virales.
Para las autoridades educativas, estos episodios no son hechos aislados ni exclusivamente escolares. “La violencia no es escolar, es social. La escuela es una caja de resonancia de lo que pasa afuera”, explicó Moyano, quien insistió en que el desafío es colectivo y de largo plazo.
Mientras avanzan las investigaciones y se refuerzan las acciones preventivas, el mensaje es claro: evitar el pánico, pero no mirar hacia otro lado. En un escenario atravesado por redes sociales, sobreinformación y nuevas formas de interacción, la escuela vuelve a quedar en el centro de una problemática que interpela a toda la sociedad.