Judiciales

Juicio a la Triple A en Bahía Blanca: Otra semana de testimonios

Doce testigos dejaron su relato y experiencia vivida en las tres audiencias realizadas esta semana en el juicio que se le sigue a cuatro imputados acusados de pertenecer a la Patota de la Triple A en la ciudad de Bahía Blanca entre los años 74 y 75.

El debate pudo escucharse los días Martes 15, Miércoles 16 y Jueves 17 de septiembre y se pudo seguir por el canal de YouTube de la Universidad Nacional del Sur desde las 9hs.

Con algunos cambios debido a la situación de complejidad sanitaria por la pandemia en la ciudad de Bahía Blanca, las audiencias se realizaron enteramente de manera virtual, sin asistencia presencial a la Universidad Nacional del Sur, como venía ocurriendo.

De esta manera todas las partes, fiscalía, querella, defensa y Tribunal, participaron desde sus domicilios, como también los testigos y los cuatro imputados: Roberto Aceituno, Juan Carlos Curzio, Héctor Forcelli y Osvaldo Pallero.

A su vez el Tribunal conformado por los Dres Roberto Amabile, Marcos Aguerrido y Pablo Diaz Lacava, fijo fecha para las siguientes audiencias, los días Jueves 24 y viernes 25 de septiembre para continuar con el debate.

Armas guardadas en la Universidad Nacional del Sur
En continuidad con otros ex empleados de la UNS que sufrieron las violencias de parte de la patota en esos años, declaro Ramón Navarro, quien trabajaba como ordenanza de Colon 80 de la UNS.

En junio del año 75 fue violentado y torturado por la patota que habitaba el rectorado, como era su costumbre:

“Entran cinco conmigo adentro del ascensor y me empiezan a golpear abajo en el subsuelo, me preguntaban si era zurdo, que actividad hacia, me pusieron una 45 en la boca, me golpeaban contra la pared. Duró como media hora… y ya después quede inconsciente”.

“Cuando me sacaron me dijeron que no hablara nada de lo que había ocurrido, que si llegaban a enterarse me mataban” expresó e identificó entre sus agresores a Argibay, y Chisu, guardaespaldas de Remus Tetu, los cuales siempre andaban armados:

“Acá en la universidad se guardaban muchas armas, que eran de la Marina… tomaron la parte del sótano, donde era almacén y ahí estaban las armas de la Marina”.

Supo también que había gente de la Universidad que haría inteligencia, sacando fotos o filmando en asambleas y reuniones. Un empleado de la UNS, “Tomé” era quien se encargaba de las fotos y filmaciones. Luego de ese episodio se fue de la Universidad y luego lo declararon prescindible.

El Juicio: Parte de un proceso social indetenible
El caso del refugiado chileno y estudiante de filosofía asesinado el 2 de julio del 75 por la Triple A, Víctor Oliva Troncoso, siguió siendo objeto de las declaraciones de esta semana.

Por ese caso declararon Guido Bello Enriquez, pastor evangélico jubilado, quien fue profesor de Víctor en Chile y que luego del golpe de Estado de Pinochet, ambos emigraron a Argentina.

Aquí fortalecieron el vínculo con los estudiantes refugiados y dio cuenta de los difíciles momentos vividos al comenzar las persecuciones también en Argentina.

Dio cuenta del día de su secuestro y asesinato y del reconocimiento del cadáver en la morgue local:

“Efectivamente era Víctor que estaba desnudo, tenía muchas señales de balas en su cuerpo y el rostro contraído como en un grito desesperado… quedé muy desolado por la manera como lo habían asesinado”.

Víctor había participado como orador, en un acto en solidaridad con el pueblo de Chile, y eso los preocupó, “él era un gran idealista”.

La principal testigo presencial del secuestro de Oliva Troncoso, fue una joven de 11 años en ese momento, Eunice Rebolledo que también declaro en esta semana. La testigo era hija del matrimonio casero de la iglesia Metodista, donde Víctor acudía asiduamente.

Ese día había ido a su casa a llevar un pantalón para que su madre lo cosa, y al salir ella salió detrás de él, ya que iban en la misma dirección. Llegando a Alsina y Soler ve un patrullero que corta la calle y ve como algunas personas armadas bajan de una camioneta blanca le tuercen los brazos hacia atrás, lo suben a la misma y así es secuestrado.

Al referirse a sus asesinos los define como “eran de ultraderecha,… eran personas que estaban para eso, preparados para matar. Nunca me imaginé que podría haber gente tan cruel que hiciera eso” dijo entre sollozos.

“A pesar que tenía 11 años, había cosas que yo ya entendía y que me marcaron para toda la vida, tenía que ver con los ideales que tenían… ideales de justicia, de igualdad, de solidaridad, de valorización del trabajo… eran personas con mucha sensibilidad”.

Concluyó expresando que “hay procesos sociales que no los puede detener nada y que se hagan estos juicios es parte de esos procesos.” En el marco de este caso también declaro un Tío de Víctor Oliva Troncoso, Manuel Troncoso.

Huanguelen, Pueblo sitiado
En el caso del asesinato del Profesor Rodolfo Celso Gini, declararon esta semana los testigos Julio Lede y Mario Bravo.
Gini fue secuestrado en su domicilio en Huanguelen el 2 de diciembre del 74.

Profesor Rodolfo Celso Gini

Era bioquímico, farmacéutico y profesor y apareció acribillado a balazos en la ruta cercana al pueblo. Su casa fue pintada, paredes y muebles, con las siglas “AAA” según lo relataron los testigos.

El testigo Lede fue alumno de secundaria de Gini y la noche de su secuestro pudo escuchar la ráfaga de ametralladora y demás tiros desde donde se encontraba, a unos 800 metros.

Huanguelen en el año 76, fue prácticamente sitiado por el ejército, en un mega operativo que ya fue relatado en juicios anteriores y el testigo Lede lo recuerda y ratifica, ya que él mismo fue secuestrado, adjudicándole una continuidad entre el secuestro de Gini y el suyo.

En su detención, compartió cautiverio con la viuda de Gini, Marta y con un hermano del profesor asesinado. “El caso de Gini en Huanguelen, fue una conmoción muy grande, porque era un hombre muy querido. Fue el inicio del Terror”.

Mario Bravo, oriundo de Huanguelen, conocía a Gini desde la infancia quien había sido su profesor. Bravo fue llamado para pintar la casa luego del secuestro de Gini:

“Nos tocó pintar la casa, que habían pintado paredes y muebles con las sigla AAA, la sigla terrorista de esa época. Yo ya tenía conocimiento de lo que era, un aparato parapolicial que ejecutaba personas cobardemente”.

En contacto con un médico que vio a Gini luego del bestial asesinato, supo que tenía una gran cantidad de perforaciones de diversos calibres y que había sido torturado. “Fue una catástrofe para Huanguelen y lo es hasta hoy, porque era una persona muy querida”. Bravo y toda su familia, al igual que el anterior testigo, fueron perseguidos y encarcelados y remarca que la persecución hacia ellos comenzó con el secuestro de Gini.

Ambos testigos dieron cuenta que el pueblo de Huanguelen, de apenas unos 6.000 habitantes, fue varias veces sitiado por el Ejército Argentino en el año 1976, cerrando sus entradas y rastrillando el pueblo. Gini era profundamente querido en el pueblo y como dice su poema, Queria vivir.

Ensañamiento y misoginia
Otros de los casos de asesinatos perpetrados por la patota de la Triple A esta semana, fue el de María Isabel Mendivil de Ponte, secuestrada el 21 de marzo de 1975 en su departamento donde se encontraba con su hija de 10 años durmiendo.

Marisa Mendivil de Ponte

Marisa de 33 años, se hallaba embarazada al momento de su brutal asesinato, y su cuerpo fue hallado a la vera de la ruta 35, en las afueras de Bahía Blanca.

Su esposo Roberto Ponte, militaba en la Juventud Peronista. La Testigo Silvia Miner, amiga de Marisa, fue la última en verla con vida ya que vivían en el mismo edificio de calle Mitre al 100:

“Esa noche hubo tres asesinatos, un sacerdote (Carlos Dorñac), un estudiante (Fernando Alduvino) y una mujer…después supimos que era Marisa”

“El cuerpo tenía quemaduras de cigarrillo y el rostro desfigurado por los disparos en el rostro. Ella era muy bonita… creo que hasta por venganza machista, porque estaba desfigurada, escuche”.

Al otro día, la declarante se fue de Bahía Blanca con terror a que le pase lo mismo. Cuando declaró ante la policía, le insistían en que declarara que había sido un “crimen pasional” notando la misoginia con que trataban su asesinato.

Ante la pregunta del defensor, si podría atribuirle a la Triple A el asesinato de Marisa, la testigo fue contundente en resaltar que “no había otras agrupaciones que pudieran hacer eso” y lo relaciona por la militancia de su marido y una venganza hacia él.

“El recuerdo de Marisa y su hija, lo llevo siempre. Fue catastrófico, fue un escándalo. De Marisa puedo dar la mejor de las imágenes, fue una mujer maravillosa. Fue muy injusta su muerte y la cobardía con la que se hizo”.

Como testigo de concepto fue convocada por la fiscalía, la testigo Azucena Racosta, para que dé cuenta sobre el contexto que se vivía en la ciudad de Bahía Blanca, el clima en los años 73, 74, 75. La testigo tenía activa militancia social y política en la Juventud Peronista, desde su adolescencia en la ciudad.

Racosta realizó un recorrido histórico desde su mirada y practica militante, dando cuenta desde su experiencia, como fue gestándose en la ciudad la violencia de la Triple A, hasta que tuvo que radicarse fuera de Bahía Blanca en el año 75. En el mismo sentido declaro Leonel Etchevert, estudiante y militante de la Franja Morada en la UNS.

En este juicio de Lesa Humanidad, el séptimo en nuestra ciudad, día tras día, se está poniendo luz sobre una oscuridad que duró 45 años. Es un juicio donde mucho de lo sucedido en esos años se ocultó, por miedo, por dolor, por ignorancia y también por conveniencias.

Las víctimas y todxs les perseguidxs por esta patota asesina que asolo la ciudad impunemente, y que se recicló en tiempos de democracia, esperamos reparación y que al fin se cuente, la verdadera historia, aunque se sabe que muchos, no quieren oírla y mucho menos difundirla.

Fuente
Elagora
Etiquetas

Notas Relacionadas

Botón volver arriba