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Falleció uno de los soldados quemados en el Regimiento 25

Hace casi una semana había sufrido quemaduras en un incendio originado por la explosión de una batería.

El pasado martes de 1 de noviembre cuatro integrantes del Regimiento 25 fueron asistidos por personal médico tras sufrir quemaduras de diversa consideración, tras la explosión en la batería de un vehículo del Ejército.

El joven muerto era de Catamarca, estaba destinado en la Patagonia, tenía dos hijos y esperaba otro que está en camino.

Antes de realizar maniobras con vehículos mecanizados, los militares deben “hacer puente” de baterías para darles arranque. Una situación irregular que ya se da por naturalizada y hasta normada en los cuarteles. Así es el caso del Regimiento de Infantería Mecanizada 25 (Sarmiento, Chubut) y lo indicó su propio jefe, el teniente coronel Gustavo Insaurralde. Ese acto llevó a que se disparen chispas, luego de que las baterías entren en corte, que incendiaron los uniformes de dos militares que estaban operando en las baterías. Todo fue empeorado por el uso de vestuario inflamable, que debía haberse evitado en las órdenes dadas.

En el intento de ayudar, sus tres compañeros también resultaron con quemaduras. De los cuatro implicados en el accidente, cabe recordar que tres de ellos habían sido derivados a Comodoro tras ser evaluados por personal sanitario que aplicó el protocolo que se debe en estos casos.

Vehículos mecanizados similares a los que causaron la tragedia.

En medio de la desesperación, los dos operadores salieron del vehículo y fueron advertidos por Toledo, quien – en un acto de arrojo heroico – se lanzó sobre ellos poniendo en riesgo su propia vida, para intentar apagarlos. Allí es cuando se prendió fuego también y fue auxiliado por otro soldado, que resultó herido levemente. Los cuatro quemados fueron apagados finalmente por el resto del personal presente. Tres de ellos siguen bajo observación médica y tienen el 30% y 40% del cuerpo quemado, respectivamente.

El cabo primero que hoy no logró sobrevivir fue quien estaba más complicado, debido a que recibió mayor cantidad de exposición al fuego. Sus camaradas explicaron a El Litoral que se trataba de “una buena persona, muy amable, alegre y predispuesto” al que siempre recordarán, más aún con este “ejemplo de excelente militar y persona”. También apuntaron contra lo señalado más arriba, lo que denominaron como parte de un “equipamiento obsoleto en material castrense”. Sin embargo, explican que tendrán presente al cabo primero con su lema de trabajo: “uno tiene horario de entrada, pero no de salida”, lo que da cuentas del nivel de vocación de Julio Toledo y por qué actuó con semejante altura ante la adversidad.

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