Las autoridades sanitarias siguen con atención la evolución del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), que podría generar un período de precipitaciones superiores a lo habitual en distintas regiones del país.
El escenario genera especial preocupación de cara a la primavera austral. De acuerdo con las proyecciones analizadas por la DINESA, las posibilidades de que el fenómeno alcance una intensidad fuerte o muy fuerte aumentan durante esa estación, aunque todavía existen variables meteorológicas capaces de modificar el comportamiento final del evento.
El foco está puesto principalmente en el Litoral y el Nordeste argentino, donde coinciden las previsiones de lluvias abundantes con una extensa superficie de terrenos susceptibles de inundarse. Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Formosa y Chaco aparecen entre las provincias bajo mayor seguimiento.
Pero no son las únicas. Córdoba y distintas zonas de Cuyo también forman parte del monitoreo ante la posibilidad de que las precipitaciones terminen afectando regiones por fuera del área considerada inicialmente de mayor riesgo.
Casi 5,5 millones de hectáreas bajo análisis
Uno de los elementos centrales del nuevo esquema es una base de datos construida a partir de registros satelitales históricos. El relevamiento tomó como referencia la máxima cobertura de agua registrada entre 1984 y 2021 para identificar áreas con antecedentes de inundabilidad.
Los resultados permiten dimensionar el desafío: se identificaron 5.476.680 hectáreas potencialmente inundables en las provincias analizadas.
Dentro de esas áreas viven unas 920.000 personas. Además, el mapa de riesgo incluye aproximadamente 228 kilómetros de rutas nacionales y otros 284 kilómetros de rutas provinciales que atraviesan sectores susceptibles de anegamiento.
La infraestructura energética tampoco queda al margen. El relevamiento detectó unos 483 kilómetros de líneas de alta tensión dentro de las zonas consideradas vulnerables.
¿Qué implica esto en la práctica? Que una emergencia meteorológica de magnitud no necesariamente se limita a calles o viviendas anegadas. También puede comprometer rutas, servicios esenciales, redes eléctricas y, especialmente, la capacidad de respuesta de los hospitales locales.
Un hospital móvil para responder a una emergencia
Ante ese escenario, el Ministerio de Salud prepara distintas alternativas para reforzar la atención sanitaria en las localidades que puedan verse afectadas.
El dispositivo de mayor capacidad es un hospital de campaña denominado ERMEH (Equipo de Respuesta Médica Extra Hospitalaria). La unidad fue utilizada durante las inundaciones que afectaron a Bahía Blanca en marzo de 2025 y ahora volvió a ser puesta a punto para eventuales emergencias.
El hospital móvil dispone de 60 camas de internación y ocho destinadas a cuidados intensivos. Su función no sería reemplazar a un hospital convencional, sino ampliar la capacidad disponible cuando un establecimiento quede inutilizado por una inundación o cuando la llegada masiva de personas evacuadas provoque un colapso en los servicios sanitarios de una localidad cercana.
Según la planificación presentada por las autoridades, ante un pedido de asistencia de una jurisdicción el dispositivo podría instalarse en aproximadamente 72 horas.
El costo operativo estimado ronda los 5 millones de pesos diarios, una cifra que refleja la magnitud del despliegue necesario para mantener en funcionamiento una estructura sanitaria de estas características.
De las ambulancias a un sistema de respuesta más amplio
La estrategia de la DINESA busca ampliar el papel que tradicionalmente tuvo el organismo frente a las emergencias. Hasta ahora, su intervención estaba asociada principalmente al envío de ambulancias y asistencia sanitaria puntual.
El nuevo esquema contempla tres niveles de respuesta, con patrullas sanitarias y puestos asistenciales que pueden desplegarse de acuerdo con la gravedad de cada situación. El hospital móvil representa el nivel de mayor capacidad.
La idea es que los recursos puedan trasladarse allí donde sean necesarios y complementar las estructuras provinciales y municipales.
Desde el Gobierno reconocen que ninguna jurisdicción dispone por sí sola de todos los recursos necesarios para afrontar una catástrofe de gran escala. Por eso, uno de los objetivos centrales es contar con un inventario actualizado que permita saber rápidamente qué equipamiento, personal y capacidad sanitaria se encuentran disponibles.
Prevención y coordinación antes de que llegue el agua
La preparación no se limita al momento posterior a una inundación. También se están evaluando medidas preventivas, entre ellas la limpieza y mantenimiento de canales para favorecer el escurrimiento del agua.
Este punto adquiere particular relevancia después de experiencias recientes como la inundación de Bahía Blanca, donde la acumulación de agua y las dificultades para evacuarla tuvieron consecuencias graves.
Otro de los trabajos consiste en identificar con anticipación qué hospitales podrían quedar comprometidos si las lluvias superan los niveles previstos. El objetivo es disponer de alternativas antes de que una emergencia obligue a tomar decisiones contrarreloj.
Una central de monitoreo para anticipar los riesgos
Uno de los cambios más importantes está relacionado con el manejo de la información. La DINESA incorporó una central de monitoreo que permite reunir datos provenientes de diferentes organismos y generar mapas dinámicos sobre eventos como inundaciones, lluvias e incendios.
La herramienta recibe información de organismos científicos y técnicos que forman parte del sistema nacional de gestión del riesgo.
Entre las fuentes se encuentran el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), el Instituto Geográfico Nacional (IGN), el CONICET, el SENASA, la Administración de Parques Nacionales, el INDEC y la Autoridad Regulatoria Nuclear, entre otras instituciones.
La incorporación de la DINESA a esta red busca mejorar el intercambio de información entre los organismos responsables de actuar frente a una emergencia.
El cambio de enfoque es significativo: pasar de reaccionar cuando el desastre ya ocurrió a utilizar información disponible para anticipar escenarios y organizar los recursos con mayor tiempo.
El desafío que plantea el próximo trimestre
El comportamiento de El Niño en Argentina todavía no puede determinarse con absoluta precisión. Las proyecciones permiten anticipar un escenario de riesgo, pero la intensidad y distribución de las lluvias dependerán de la evolución de distintas variables atmosféricas y oceánicas.
Por eso, el monitoreo tendrá un papel central durante los próximos meses. El desafío para las autoridades será transformar los datos y mapas de riesgo en capacidad concreta de respuesta.
La pregunta, en definitiva, no es solamente cuánto lloverá, sino qué tan preparados estarán los sistemas de salud y las comunidades para responder si las lluvias terminan superando lo esperado.

