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Consumos problemáticos y mujeres: el peso del estigma y las barreras para acceder a la atención

La trabajadora social Aylin Guerrero, referente del CRAIA de Río Colorado, planteó la necesidad de incorporar una perspectiva de género en el abordaje de los consumos problemáticos. Advirtió que los prejuicios sociales se profundizan cuando se trata de mujeres, especialmente si son madres o están atravesando un embarazo, y señaló que esos estigmas pueden convertirse en verdaderas barreras para acceder a los tratamientos.

Hablar de consumos problemáticos implica, todavía, enfrentarse a una fuerte carga de prejuicios y estigmas sociales. Cuando la persona que atraviesa esa situación es una mujer, esas miradas pueden profundizarse y sumar obstáculos vinculados con los roles que históricamente le fueron asignados.

Así lo explicó Aylin Guerrero, trabajadora social y referente del Centro de Referencia y Atención Integral en Adicciones (CRAIA) de Río Colorado, durante una entrevista en Libertad Radio 95.1, en la que se abordó específicamente la relación entre consumos problemáticos y mujeres.
“Es necesario tener una mirada de género en el abordaje de los consumos problemáticos”, sostuvo Guerrero, al señalar que la problemática continúa siendo atravesada por una concepción social que muchas veces prioriza la idea de castigo o peligrosidad por sobre una mirada vinculada con la salud.

La profesional recordó que la Ley Nacional de Salud Mental, sancionada en 2010, incorporó los consumos problemáticos y las adicciones dentro de las problemáticas de salud. Sin embargo, consideró que aún persisten enfoques sociales que asocian el consumo con la necesidad de castigar o encerrar a quien atraviesa esa situación.

Cuando el consumo se juzga con una vara diferente

Para la profesional, el estigma adquiere características particulares cuando se trata de una mujer.
Mientras que frente al consumo problemático de un varón puede aparecer la idea de que existe una situación de malestar o un problema de salud, en el caso de una mujer suelen surgir juicios vinculados con su conducta, su sexualidad o su rol familiar.
“Cuando ese consumo problemático se ve en una mujer, automáticamente aparece el juicio moral de decir: ‘esta mujer es una mala madre”, explicó.

Ese tipo de representaciones puede extenderse a otros aspectos de la vida cotidiana y convertirse en una barrera concreta para pedir ayuda. La situación puede ser todavía más compleja cuando la mujer es madre, está embarazada, tiene personas a cargo, trabaja o es la principal responsable económica y de cuidado dentro de su hogar.
Guerrero definió esta acumulación de situaciones como parte de una mirada de interseccionalidad, concepto que permite analizar cómo diferentes condiciones pueden combinarse y profundizar las desigualdades.

“Si es mujer, si es madre, si es adolescente o mayor de edad, si tiene una discapacidad, de acuerdo a la etnia, de dónde proviene, si es una mujer migrante, terminan generando una cantidad de opresiones que agudizan la situación”, explicó.

Mujeres que llegan a los dispositivos para acompañar a otros

Otro de los aspectos señalados durante la entrevista fue el rol que suelen asumir las mujeres dentro de los procesos de atención.
Según Guerrero, gran parte de las consultas que reciben los dispositivos son realizadas por mujeres que buscan ayuda para un hijo, una pareja, un hermano, un padre o incluso un amigo.
“Las mujeres ingresan en un primer momento a los dispositivos como acompañantes”, señaló.

En ese sentido, mencionó datos provinciales de APASA según los cuales las consultas registradas en los dispositivos CRAIA corresponden aproximadamente en un 40% a mujeres y en un 60% a hombres.
Sin embargo, la trabajadora social remarcó la importancia de interpretar esos números con cautela. Una estadística sobre quiénes llegan a consultar no necesariamente refleja la magnitud real de los consumos problemáticos en la sociedad, sino quiénes logran atravesar las barreras existentes y acercarse a un dispositivo de atención.

La pregunta, entonces, es qué ocurre con las mujeres cuando necesitan consultar por ellas mismas.
“Nos cuesta muchísimo consultar por nosotras mismas”, afirmó Guerrero.

Dispositivos que también deben repensarse

La profesional planteó que la responsabilidad no recae únicamente en las personas que necesitan atención. También los propios dispositivos de salud deben revisar sus formas de abordaje para garantizar mayor accesibilidad.
“Los dispositivos fueron históricamente pensados para los varones”, sostuvo.

En ese proceso de revisión, explicó que desde el CRAIA buscan adaptar las estrategias de acompañamiento a las necesidades de cada persona. Esto adquiere particular importancia cuando se trata de mujeres con hijos o mujeres gestantes, que muchas veces deben organizar previamente una compleja red de cuidados, permisos laborales y responsabilidades familiares antes de poder acercarse a una consulta.

Por ese motivo, Guerrero destacó la posibilidad de construir estrategias flexibles: coordinar con otros centros de salud, acercarse a un domicilio o buscar un lugar más accesible cuando sea necesario.
El objetivo, explicó, es “derribar las barreras que se han construido históricamente”.

El papel de la sociedad

Para Guerrero, el abordaje de los consumos problemáticos no puede quedar limitado a los equipos de salud. También requiere revisar las representaciones sociales que existen alrededor de quienes atraviesan estas situaciones.
En ese sentido, destacó el papel de los medios de comunicación para instalar estas discusiones y generar nuevas miradas.
“El vecino, en su casa, por ahí no está dimensionando el alcance que puede tener un acompañamiento, una mirada que busca acercar, que busca preguntar ‘¿cómo estás?, ¿necesitás algo?’, en lugar de estar juzgando constantemente”, explicó.

La profesional llamó también a una revisión colectiva. No se trata solamente de señalar los prejuicios de los demás, sino de preguntarse qué aparece en cada persona cuando observa a un hombre o a una mujer atravesando un consumo problemático.
“Todos en sociedad tenemos que tratar de construir otras lógicas y otras formas de acompañarnos”, expresó.

Una problemática que necesita seguir en agenda

Para Guerrero, los avances normativos y sociales son importantes, pero todavía queda un camino por recorrer.
“Si no hay una reflexión por parte de la sociedad, es muy difícil que las mujeres se acerquen a los dispositivos realmente”, sostuvo.
La trabajadora social también hizo extensiva esa reflexión a quienes trabajan en los propios equipos de atención: “Todo el tiempo nos estamos también replanteando cómo estamos mirando y con qué ojo, si tenemos puestos los visores del género a la hora de mirar una situación”.

En definitiva, el desafío consiste en que una persona que atraviesa un consumo problemático pueda pedir ayuda sin que el miedo al juicio social se convierta en un obstáculo adicional.

Cómo contactar al CRAIA

El CRAIA de Río Colorado funciona en Barrio Buena Parada, calle Alsina 18, junto al Centro de Salud de Buena Parada.
Desde el dispositivo recomiendan comunicarse previamente por WhatsApp para coordinar una entrevista y evitar que la persona deba acercarse sin saber si podrá ser atendida.
Teléfono: 2931 458174.

Actualmente, CRAIA dispone de atención los martes, por la mañana y por la tarde, y los miércoles por la tarde, según lo informado durante la entrevista.
“Necesito un turno, necesito hablar, necesito un espacio” puede ser suficiente para iniciar el contacto, explicó Guerrero. La propuesta es generar un primer encuentro desde la escucha y comenzar, a partir de allí, a construir un camino de tratamiento y acompañamiento.

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